jueves, 7 de abril de 2011

Nuevamente estamos aquí (Año 1, Numero 1)

PRÓLOGO

Alborada, un sueño guardado durante 30 años. Nutrido por nuestra producción anónima, y también la reconocida de algunos de nuestros miembros. Un sueño que un día quisimos esconder pero gritó tan fuerte que hemos decidido dejarlo salir a la luz pública, para que vuelva a cantar la poesía, el arte y la narrativa que por varias décadas se ha resistido a quedarse silenciosa. Igual que en las palabras del profesor Gustavo López Reslen en el editorial de aquel único número del año 83, hoy aparece como un hecho IRREFUTABLE.

Hemos decidido hacernos visibles porque nunca dejamos de ser reales. Por años, ALBORADA jamás cesó de gritar; de gritar tan fuerte que hasta el día de hoy, desde que la secuestramos en el año 83; no hemos dormido en paz; nos esclavizó a las vigilias, nos ató a hablar de ella todos los días, a experimentar sentimientos de culpa tan grandes, que para calmar nuestras conciencias decidimos darle la libertad de salir tan joven, intacta y radiante como cuando estuvo al alcance de varios cientos de personas.

La vida que al final deja de sumar y se escapa de manera abrupta, a veces feliz, y otras muchas dolorosamente; en su pretensión de eternidad salta al arte como la manera de perpetuarse por medio de la creación literaria; de los ingeniosos trazos del pintor; desde el compromiso histórico del teatro con la humanidad; desde las notas musicales que conmueven e inspiran al espíritu humano; desde todas las dimensiones de la estética.

Esa vida que no le quiere dejar ventajas a la muerte dice: Ars longa vita corta. Pero al final la muerte que no es más que la dimensión oscura de la misma vida, nos sustrae de ver, de ser como ser, pero no de vivir a pesar de no ser. Esa es la razón por la que hoy tienes, palpas lees y vives la revista cultural ALBORADA que como dijera Neruda para vivir he vuelto a nacer. Para que no halla dudas de su existencia ALBORADA ha vuelto ser.

Se fueron de nuestro lado para estar más cerca, el licenciado Santiago Mosquera, aquél hombre senil con risa de niño y carácter adolescente, que se sumó al grupo para decirnos dónde poner las comas y los puntos, e incluso cómo hablar, entre otras muchas cosas, “que si las contáramos haríamos interminables estás líneas”; el profesor y poeta Luís Carlos Castillo Bedoya de quien el escritor Javier Marrugo dice en uno de sus poemas: “todavía era muy temprano para la partida”; el sociólogo, poeta, cantante, bailarín de música folclórica, ensayista y actor Elmer de Ávila quien debutara en la primera novela filmada por el canal de televisión regional; estos dos últimos victimas del odio que golpea la vida pero que jamás borrará la memoria.

En otras latitudes, respirando el aire contaminado de este planeta se encuentran el actor y cantante Javier Rodríguez, a quien no le han podido arrancar el amor a la vida ni su risa de niño; el cantante Michael Plata quien se asiló en Santa Ana para tejer sueños la guitarra, su voz y buen sentido del humor. Estos ausentes son parte de la vida de ALBORADA.

Hoy la traemos de vuelta a esta realidad de donde nunca debió salir; asida por su cintura poética, el sociólogo, compositor y poeta Federmán Meriño, quien atendiendo el llamado apostólico de la docencia fue a Quibdó, desde dónde viene cantando; el actor de teatro y poeta Julio Muñoz desde ese país del norte; el poeta Javier Marrugo desde sus más creativos y sorprendentes oficios; el poeta Gabriel Ortega desde el anonimato donde se había refugiado ALBORADA y el poeta Luís Cadrasco desde su propio exilio, desde su escondite de pastor protestante.

Aquí está ALBORADA, real y pertinente. Canta con ella, sueña con ella, déjala gritar con la voz de muchas voces; acaríciala como la mejor de las amantes, permítele que te hable como una amiga. Abre la puerta para que brille la cultura y la poesía en todo su esplendor que ha llegado ALBORADA.

Luis Cadrasco M.



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CREDO


Claro que creo en Dios

Jesús nuestro Señor

El miedo no deja otra opción.


Te entrego mi alma Señor

Cuida de mí y de mis hijos

Que para ellos yo soy como tú

Soberbio, omnipotente y plenipotenciario.


Cuida de mi madre Señor

Que te quiere para ella sola

"Ay Dios mio" a toda hora y por todo.


Quién duda que tú eres el poeta mayor

Dueño absoluto de la metáfora de este mundo

Cómo dudar que tú lo hicieras todo:

El sol, la tierra, los mares hasta el amor.


Si tengo que creer en algo

Tranquilo creo en ti, mi Señor

No en estampitas, ni yesos, ni mármoles.


Pero por favor no me esperes en tus iglesias

Son tan variadas como tiendas de bagatela

O simples negocios de oración,

Donde tus descarriadas ovejitas negras

Disfrazadas de angelitos venden a alto costo

Bendiciones y milagros.


Tampoco te prometo

Aprender de memoria la Santa Biblia

En estos días es una moda más.

Acompañaré mis oraciones
Con las baladas de Serrat, Piero y Pablo
Con los versos de Benedetti, Sabine y Cardenal.

Y para mi perfecta comunión con todo lo divino
El milagro de unos señor púrpuras como duraznos
Unos muslos firmes, acogedores
Y te doy siempre mil gracias
Dios mío, por el favor recibido.

Amén.

Javier Marrugo Vargas
Del libro las Cuentas del Afecto
Agosto, 2.010


RECUERDOS

Me senté a la puerta del atardecer

Y lo primero que ingreso en mi mente fue tu recuerdo

No sé porque me enamore

Pero nada es para siempre

Alguien lo dijo una vez,

La gente cambia de pensamiento

Como la luna cambia de rostro,

Pero todo es efímero en esta vida

Entregue todo lo que tenia, todo el cariño que nunca use

Hice cosas que por nadie había hecho en fin no sirvió...

He aprendido

Que no se debe mendigar por una caricia

Que no se debe rogar por un "Te Quiero"

Que no se debe pedir un beso

Que no se debe juzgar sin conocer

Que no se debe opinar sin saber

Lo único que me falta aprender

Hasta este mismo instante es…

Como olvidarte


Gabriel José Ortega Vega

Febrero 2.011




E S C E N A E R O T I C A


Cuelgas tu vestido

En el último rayo de luz

Sobrante del atardecer

Mientras que

El rubor de la vergüenza

Conquistan tus mejillas

Suaves caricias

Fricción de cerillas

Que enciende el fuego

Que acalora tu enigma

El poniente enrojecido

Al instante se detiene

Para mirar por la hendija

La sagrada escena

De cuerpos desnudos

De sollozos y suspiros

Todo se humedece

Aún no ha llovido

Se prepara el mundo


Pronto va a temblar.

Federman Meriño Escorcia
Choco, Colombia 2.011