ALBORADA EN EL MES DE JUNIO
En esta ocasión estamos más puntuales que de costumbres,
pero es que vamos a tomar el hábito de
aparecer cada mes, para deleitar a nuestros lectores, pero antes aclaramos algo
que no deseábamos tocar, pero en cuestiones legales se hace muy importante. En el
numero anterior se presentó un malentendido con el señor javier marrugo que ya
no hace parte de nuestro grupo, en el cual el referido se adjudicaba la
propiedad material e intelectual de la Revista Cultural Alborada Digital, cosa
que es muy falsa ya que esta tribuna de difusión de los noveles y veteranos
poetas y escritores es de propiedad y creación de Gabriel José Ortega Vega,
quien la ha mantenido a pesar de las ocupaciones y fallas en la red de internet
que hemos tenido en los últimos meses, esto lo hacemos para dejar claro quiénes
somos y quienes estamos en la Revista
Cultural Alborada Digital.
Ya realizada la aclaración pasamos a mostrar el material que
nos enviaron los colaboradores de la Revista Cultural Alborada Digital, en esta
nueva puesta en escena.
EL
Él se cree poeta
Y escribe toneladas de
versos,
Se cree escritor
Y escribe kilómetros de
prosa,
Se cree orador
Y de su boca salen decibeles
y sonidos
Nada más
Una mañana
Que despertó
Se miró al espejo
Y el frio cristal
Le mostró la dura realidad
Solo era un incipiente
hombrecillo
Que su imaginación exaltada
Engaño.
Gabriel José Ortega Vega
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Cuando yo estaba chiquito
Me daban panela y queso
Ahora que estoy grande
grandecito:
Me dan con el rejo teso.
La mujer que se enamora,
Del vestido y no del hombre;
Es porque se enamora
De la fruta que el burro
esconde
Bien me dijo mi mamá,
Ñamarse Nicolasa,
Llévate un bollo Diego,
Que no vas para tu casa.
Guillermo Valencia Salgado.
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Susana
Sentada en mis piernas
Susana está desnuda y se
levanta
Se levanta y danza
Al borde del milagro
desafiante
Y coqueta ante el abismo.
Susana acciona el aparato de
vídeo
Para que veamos pornografía
Y me deja entrar en ella.
Y me deja así mismo salir de
ella.
Susana me da su cuerpo
Pero su alma la reserva
Para uno que se aleja
insensiblemente en ella misma
En ella misma, ignorando
Sin acordes ya incluso.
Susana lleva dentro el eco
Del paso de su habitante
Y cada tanto lo saluda
Con el pañuelo borroso de su
sonrisa
Y le extiende su ternura
rezagada.
Susana destinada a su andén
Combada contra la esquina
Como un arco iris en la
bocacalle
Como trampa del cielo
En el centro de la noche.
Susana, la putica bonita de
la calle Caldas
Festiva mariposa que juega y arde
En el pabilo encendido de
cada noche.
Leo Castillo.
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Dios terrible
El encierro es brutal
sin embargo aquí
me acoge la comodidad
de un pan y un lecho
No tengo nada
de qué quejarme
y aunque hubiera
tampoco lo haría
Si no me quejo de tener
un Dios terrible en las
entrañas
¿por qué me dolería
de mi encierro?.
Raúl Gómez Jattin.
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NOTA DE VIAJE
Veníamos del sur
Como quien huye de la peste
La muerte nos seguía
A prudente distancia
Como perro de guardia
Al llegar a la frontera
Los hombres
Apuñalaron sus recuerdos.
2
Cuando tengas un amante
No olvides contarle en
detalles
Tus amores pasados
Él sabrá cómo enfrentarse a sus fantasmas.
Harold Ballesteros.
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Gaviota jirusa
Exhausto y casi yerto por los
azote
De las olas marinas amorfas
del trópico,
Me cautivan sendas gaviotas
que giran
En simetría rumbo al pináculo
majestuoso
De la serranía del Perijá.
Extasiado y bajo la égida de
la sombra
Que embellecen las playas
Sirvo de señuelo para atrapar
la incauta y
Rozagante gaviota.
Exótica belleza estelar
Que me inspira nobles
sentimientos,
Como las notas y eufonía
expresada
Con frenesí por el juglar
campechano,
En el ágora adornada con
antología
De flor y fauna abisales.
Ave erudita que cruza el
océano
En el crepúsculo del Caribe,
Enarbolando el aureola de
diez lunas estelares
Que matizan la dulzura de tu
cálida espada.
El perfume imaginario de tu
bello canto vesperal
En universo reclama a tus
pies,
Eres en definitiva Ave
Jirusa:
Jovial, idílica, rebelde,
única, sensible y amorosa…
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FALSOS POSITIVOS
En Colombia
Si alguien te manda a matar
con alguno
¡Te matan!
Y nadie vio a ninguno
Y ninguno vio a nadie
Y aunque sabemos que nadie y
alguien
Son alguno
Al final termina siendo
ninguno
Y el que no aparezca alguno
la culpa es uno.
Eukandy.
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Paraíso*
Vio que lo hecho era bueno y
descansó. Al día siguiente
despertó turbado por un
horrible sueño: Imaginó que había
creado al hombre.
El insomnio del difunto
¿Cómo convencerlo de que está
muerto, con su ojo de vidrio
que no cierra?
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* Cuento ganador del II
Concurso de Minicuento “David Sánchez Juliao”,
Universidad. de Córdoba
Juan Carlos Céspedes Acosta.
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EN UNA PARRANDA, LICHO CAMARGO Y JUSTINIANO PADILLA,
PERDIERON SUS DIENTES
Todavía quedan personas que
hacen el bien, sin importar a quien, la ciencia ha avanzado tanto que en las
Universidades brotan cientos y cientos de profesionales, sin embargo Antonio
Carroll Vázquez, un Barranquillero que aprendió de su tío a hacer chapas,
colocar coronas de oro, de plata y sacar, Los Incisivos (4 superiores y 4
inferiores), Caninos (2 superiores y 2 inferiores), Premolares (4 superiores y
4 inferiores), Molares (6 superiores y 6 inferiores)
Muelas del juicio (2
superiores y 2 inferiores), sin sangrado y
sin dolor.
Se rebusca por los pueblos de
la costa, ofreciendo su trabajo y como es honesto y cumple con sus
obligaciones, le va bien.
El doctor Toño, como le
llaman por donde quiera que pasa, cambiándole la sonrisa a miles de
parroquianos, con su particularidad de que no duele, ni botan sangre.
Licho Camargo y Justiniano
Padilla, estaban enparrandaos, acompañando al blanco Abigail y a su primo Thomas, quienes ya llevaban una
docena de Marianamen de las grandes, día y medio de haber comenzado la
parranda, dos sancochos de carnero viche y tres guisadas de pavo pasados por
vinagre y limón, acompañados con yuca harinosa.
Todos los parranderos estaban
en tres quince, pero Licho y Justiniano estaban pasados de esas cifras, quizás
en treinta y cuarenta, ya no se pertenecían.
A lo lejos de la calle larga,
con un sol en 42 grados y un humito que brotaba de la carretera, Abigail vio venir a un cimarrón de hombre de
color moreno, 1,80 ctms de estatura, con
un maletín de dentista de color negro.
A los pocos minutos estaba el
Doctor Toño integrado a la parranda, tragos vienen tragos van, Justiniano
estaba dormido en un taburete con la boca abierta y babiao, en su interior se
le asomaban dos postes o madrinas de esas de amarrar el ganado en un corral,
amarillas de la nicotina del tabaco negro y romas de tanto jalar chivo seco,
yuca asada, ron ñeque, cañita y el gorriao de marianamen.
Cerquita de Justiniano estaba
Licho en el mismo estado, la mente ágil de Abigail, le dictó que esta era la
hora y la oportunidad de salir esos dos amigos,
de esos caninos y molares en mal estado y que los hacía ver más viejos.
Le dijo a el doctor,
examíneles la boca a esos dos, a ver si se le arregla el día, en el estado en
que estaban era fácil diagnosticar: Dos
caninos, tres molares arriba y dos abajo (Justiniano). Dos caninos y dos molares
arriba y tres abajo (Licho).
A treinta mil pesos por cada
uno, serian en total $420.000.oo pesos, se dio la orden de proceder al doctor
Toño, que ni corto ni perezoso y con unos traguitos entre pecho y espalda, fue
abriendo su maletín de cuero negro con tres compartimientos internos, lleno de
Guantes, pinzas de todos los tamaños y formas, pomadas, agujas, seda dental,
pita curricán, espejos grandes y pequeños y una botella de lava gallo, para lavarse las manos y
calmar la sed.
El primero fue mano Licho, a
quien no hubo la necesidad de abrirle la boca, porque la tenía abierta a 180
grados, le metieron un dedo del grande de un guineo maduro untado de una pomada
rosada, que se la sobaron en la encía de arriba y la de abajo.
La misma dosis le hicieron a
Justiniano y los dejaron que siguieran dormidos, quizás buenos y sanos no se
hubieran sometido a tan desproporcionada barbarie.
Al cabo de una media hora, el
médico pidió una cerveza y en forma de chorro se la introdujo a los dos que
seguían con la boca abierta. Un espumarajo brotó de la boca de los
parroquianos, signo que indicaba, que
era la hora de la pinza.
Sacó Toño, dos bolsitas plásticas transparentes y llamo
a un joven de los que estaban jugando bola en la calle, le pidió que abriera la
bolsa y con una destreza impresionante
fue sacando a cada uno las catorce piezas de la boca de los dos pacientes,
quienes seguían placidos en su sueño.
Median dos centímetros hacia
afuera y hacia dentro de la encía median diez centímetros, parecían colmillos
de Jabalí.
Nuevamente pidió una cerveza
y se las dio en forma de chorro, ahora si se la tragaron y siguieron durmiendo.
Todos quedaron atónitos y le
preguntaban al dentista que hizo para que no les doliera y no botaran sangre,
mas borrachos que estaban, con la sangre caliente, solo alcanzó a decir, eso fue con secreto.
Cobró su plata que hasta por
cierto le cobraron el ron que se bebió y $400.000 en efectivo, que pagó el
blanco Abigail.
Licho Camargo, se despertó al
rato y pidió un trago de ron, llamaron a los muchachos quienes andaban haciendo
broma con las dos bolsitas de dientes y se la mostraron, que jocosamente y sin
saber que esos eran sus dientes dijo:
-Cuando mataron ese jabalí y
le sacaron los dientes.
Uno de los muchachos era su
nieto, le dijo, no papa no son de Jabalí,
son los tuyos que el dentista te los sacó.
Miró Licho para todos los
lados buscando al dentista, quien ya llevaba medio tabaco de camino. Agachó la
cabeza y se fue para su casa calladito.
A la mañana siguiente de la
parranda, se levantó Licho y pidió el desayuno, su mujer le trajo pegado de
arroz del día anterior, dos chicharrones de puerco viejo y un vaso con café con
leche bien caliente.
Cuando Licho le metió el
diente al chicharrón fue que sintió que los había perdido, solo era encía lo
que había en su boca y de inmediato reclamó:
-Bueno mujer y esta clase de
comida que es, tú no sabes que ayer me sacaron los dientes.
Su mujer llena de rabia por la borrachera que
trajo anoche y sin dientes le dijo:
-No, yo no sé nada, no lo
sabes tú, revísate a ver que más te sacaron y te metieron, allá en la parranda.
Justiniano se despertó en su
casa y pregunto la hora, pero notó que los dos postes o madrinas que tenía en
la boca ya no estaban, a su mujer le trajeron la bolsita con los siete
especímenes come yuca, chicharrón y destapa cervezas de su marido, ella picada
de culebra estaba esperando que Justi dijera algo al respecto.
Como Justi, no dijo nada ella
cogió su bolsita y de dirigió con el manduco de lavar la ropa y se paró al
frente de la hamaca donde estaba su marido y le mostró, al cual el dijo:
Herda mija, a quien le
sacarían esos dientes tan grandes.
Y se le notaba en su hablado
el Fla Fla Fla, de la carencia de ellos.
Mayo ese día levantó a
manduco a Justi, que lo tuvieron que llevar al hospital.
Ahora por donde quiera que
van Licho y Justiniano en el pueblo y sus alrededores les gritan:
-Te Coge Toño,
el saca muela.
Nadie quiere beber con
Abigail y su primo Thomas, temiendo quedarse dormidos y perder sus dientes a
mano del Doctor Toño, el Barranquillero.
Esta es una forma
elegante, de alejar de las
parrandas, a tantos gorreros.
Francisco Cadrasco Díaz.
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HOJAS DE OTOÑO
Las hojas del otoño
tienen
/ para mí
/
un encanto especial.
¿Será el color?
¿será la forma?
¿será el sentido de la estación?
Del verde al dorado,
generosa paleta de tonos
transformados
en oro, cobre, bordó, marrón.
¿Qué cuerda profunda
de mi Ser rasguean,
que la emoción sintonizada
es tierna, alegre,
agradecida,
y resuena
en la vida que transcurre
sin prisa, sin pausa,
hacia el atardecer?
De algún modo
esperan
que les
toque la caída.
Algunas, más ansiosas,
pre-anuncian
el suelo dorado
que
alfombrará mi pie.
Otoño es espera /
es paciente disfrutar /
es edad de oro /
es soñar / y, sin duda,
es mucho más.
ELBA MEIER








