domingo, 5 de julio de 2015

Bueno este año ya va por la mitad y apenas está saliendo nuestro primer número correspondiente al 2015pero es que hemos estado tan ocupados que el tiempo se nos escapó como el agua se nos va de las manos, pero hoy estamos aquí y les traemos un ramillete de poemas del jardín de esas mentes que la gloria ha tocado con esos sentimientos y esa pasión que nos llega a lo más profundo de nuestro ser.

Bueno después de tanto preámbulo aquí tenemos nuestro material para todos ustedes:


PIEL DORMIDA

Rita Galiasso
Mi piel dormida con sabor a espanto
ceñida al temblor que serena
labios desvalidos, párpados malogrados, sienes sin latido,
quiere explicar que ya no importa el ruido
cuando el silencio es el mejor aliado,
quiere avivar el corazón dolido,
quiere decir que el sol está y es mío.
Mis ojos sin deseos y sin duelos
son pájaros sin alas, con cadenas
que acompañan a manos laceradas,
manos tan mías, tan trémulas.
Quiero partir, alejarme del hastío.
Quiero gritar que soy feliz,
que todos los caminos de la vida
parten del corazón y a él regresan.
Quiero soñar que esta niña que a mujer juega, temerosa,
no desea una triste existencia aprisionada.
¿Qué temor me detiene?
Ven a buscarme vida, porque estuve sin ti.
Mírame, no digas nada. Calla.

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QUE PASARÁ
                                                                                              Gabriel Ortega Vega
Qué pasa si te quiero
Si en esta noche 
Salgo a perseguir la luna
Y la alcanzo
Porqué te preocupas
Si la robo para ti.

Porque te quiero
Desato en tu casa
Un remolino de preguntas
Y mis metáforas
Como pájaros las pongo a volar.
Y en una noche secreta de los dos
Hago poemas al eco de tu risa
Que me deja más cerca de las estrellas.

Pero qué pasará
Si tú también me quieres.
En esta noche única de los dos
En esta ciudad de luces
Que en mi risa
Tú cuentas estrellas.

Qué pasará si también
En tus ojos profundos
Yo vuelvo a descubrir mi mar
Y en ese océano inmenso de tu amor
Yo insisto en salvarme la vida.

Y que pasará
Si dejo ahogar el miedo
Y decimos menos, nadamos más
Y simplemente nos amamos
En un amor pleno…

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GÉNESIS
                                                                              Harold Ballesteros
En el principio
Solo existía el silencio
Era una nota musical
Que se escuchaba a sí misma monótona y gris
La luz nos bastó
Y una noche o un día
Que nadie recuerda
Decidió morir
Invento al hombre.

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PALOMA
                                                                              Leo Castillo
Paloma,
bella la arisca elegancia
de tu cuello al andar
y la percusión
de tu vuelo tornasolado
amor en mi corazón…


UN CUENTO ZEN
                                                                                              Juan Carlos Céspedes Acosta


El maestro llega y encuentra a un joven monje sentando, así que suena su flauta y pregunta:
─ ¿Qué haces?
El discípulo, abriendo los ojos, contesta:
─ Medito para ser como Buda.
─ Sólo Buda puede ser como Buda ─ le dice el maestro.
─ Entonces, ¿cómo quién puedo ser yo? ─ pregunta desconcertado el joven.
El sensei responde:
─ Tú puedes ser como tú.

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CASI, EL PRIMATE INTELIGENTE
                             Francisco Cadrazco Díaz

Bajó Casimiro de la montaña, además de su mulo bayo, traía en su hombro derecho un mico mono que pretendía vender para comprarles los regalos de navidad a sus hijos que quedaron en la montaña, acompañados por su madre.

Casi, fue criado en la casa de su dueño porque la mamá falleció, los niños de la casa lo querían mucho y lo enseñaron a jugar y hacer piruetas, sacaba la lengua, se rascaba la cabeza, mataba piojos de mentira, les ofrecía guineo maduro a los niños y cuando estos estiraban la mano para recibirlo, él se lo comía de un solo bocado, y un sinnúmeros de morisquetas hacia Casi, en especial a los niños.

Tan pronto llegaron al pueblo, Casimiro se dirigió a casa de la niña Teodora, que en el pueblo le decían Teo, por cariño, a ella le gustaban los animales, pero no los tenía amarrados ni enjaulados, era un patio grande donde los animales podían estar cómodos, pero no más cómodos que en su habita natural, las montañas.

Veinte centavos dieron de precio por el animal en casa de la niña Teo, quien fue a la alacena de los guineos y trajo dos para alimentar a Casi, que como era muy inteligente, metió el rabillo del ojo izquierdo y vio la alacena llena de gajos de guineos y de queso.

Cincuenta centavos dio don Pacho por Casi, para presentarlo en el circo, en especial a los niños, era una inversión segura, ya en el circo, fue dejado suelto dentro de él, observó Casi, a más de cien animales de todas las especies metidos en una jaula, con la incomodidad más grande que un humano pueda darle a sus semejantes terrícolas, claro que como no pueden hablar y están en desventaja, baya y venga.

Anunciaron por altoparlantes la presentación en la noche de Casi, el primate inteligente, en especial a los niños, pero en la entrada del circo había un letrero en papel cartón, escrito con un carbón de leña que decía “Todo niño paga la entrada”. 

Fue lleno total esa noche, las entradas sumaron ciento veinte pesos, tan así que volvieron a anunciar su presentación para la tarde siguiente, pero esta no se realizó, porque Casi, se organizó con los demás micos del circo y planearon una escapada. Ya la boletería estaba vendida, a las cinco de la tarde comenzaba la función, Casi se dirigió a Don Pacho, comenzó a rascarle la cabeza y cuando lo durmió, le dio en la cabeza con una taza de aluminio donde le daban la comida, ya fuera de combate don pacho, procedió a sacarle el dinero producto de las entradas, luego liberó a sus compañeros micos, emprendieron la huida hacia las altas montañas, antes de esto, pasaron por casa de la niña Teo, y vaciaron las alacenas llenas de guineo maduro y queso duro salado.

Esa noche fueron a dormir en casa de Casimiro, su antiguo hogar, Casi, no le perdonaba a su dueño el haberlo vendido, bueno tenía ya con el abandono por parte de su madre, con quien no contaba.

Bien temprano levantó Casi a la manada y se dirigieron al sembrado de tomates, donde no quedo un tomate rojo, todos fueron devorados por los micos, en su defecto, Casi, le dejó una misiva escrita en la arena a Casimiro, diciéndole que lo sentía por el sembrado de tomates, pero era que se habían escapado del circo y llevaban mucha hambre, que volviera a sembrar el tomate y por ultimo le dijo que en el palo de jobo que se le había quemado el corazón, metiera la mano que allí había un paquete, que le comprara la parcela a don José y educara a sus hijos.

Al mando de Casi, el primate inteligente, emprendieron su viaje a las altas montañas donde viven libres, fuera del peligro de la mano de los mayores depredadores, los humanos. Casi, vive agradecido con Casimiro y sus hijos, con quien pasó su niñez, en agradecimiento baja de la montaña los sábados a visitarlos, sin antes pasar por la despensa de la niña Teo, y sustraer de ella, un queso de cinco libras y un gajo de guineo maduro para llevárselo a los niños de Casimiro Casas Causil, sus hermanos.

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El álbum
                                                                                              Anton Chejov

El consejero administra" vo Craterov, delgado y seco como la flecha del Almirantazgo, avanzó algunos pasos y, dirigiéndose a Serlavis, le dijo:
-Excelencia: Constantemente alentados y conmovidos hasta el fondo del corazón por vuestra gran autoridad y paternal solicitud...
-Durante más de diez años -le sopló Zacoucine.
-Durante más de diez años... ¡Jum!... En este día memorable, nosotros, sus subordinados, ofrecemos a su excelencia, como prueba de respeto y de profunda gra" tud, este álbum con nuestros retratos, haciendo votos porque su noble vida se prolongue muchos años y que por largo " empo aún, hasta la hora de la muerte, nos honre con...
-Sus paternales enseñanzas en el camino de la verdad y del progreso
-añadió Zacoucine, enjugándose las gotas de sudor que de pronto le habían invadido la frente. Se veía que ardía en deseos de tomar la palabra para colocar el discurso que seguramente traía preparado.
-Y que -concluyó- su estandarte siga fl otando mucho " empo aún en la carrera del genio, del trabajo y de la conciencia social.
Por la mejilla izquierda de Serlavis, llena de arrugas, se deslizó una lágrima.
-Señores -dijo con voz temblorosa-, no esperaba yo esto, no podía imaginar que celebraran mi modesto jubileo. Estoy emocionado, profundamente emocionado, y conservaré el recuerdo de estos instantes hasta la muerte. Créanme, amigos míos, les aseguro que nadie les desea como yo tantas felicidades... Si alguna vez ha habido pequeñas difi cultades... ha sido siempre en bien de todos ustedes...
Serlavis, actual consejero de Estado, dio un abrazo a Craterov, consejero de estado administra" vo, que no esperaba semejante honor y que palideció de sa! sfacción. Luego, con el rostro bañado en lágrimas como si le hubiesen arrebatado el precioso álbum en vez de ofrecérselo, hizo un gesto con la mano para indicar que la emoción le impedía hablar. Después, calmándose un poco, añadió unas cuantas palabras muy afectuosas, estrechó a todos la mano y, en medio del entusiasmo y de sonoras aclamaciones, se instaló en su coche abrumado de bendiciones. Durante el trayecto sin! Ó su pecho invadido de un júbilo desconocido hasta entonces y de nuevo se le saltaron las lágrimas.
En su casa lo esperaban nuevas sa! sfacciones. Su familia, sus amigos y conocidos le hicieron tal ovación que hubo un momento en que creyó sinceramente haber efectuado grandes servicios a la patria y que hubiera sido una gran desgracia para ella que él no hubiese exis! do. Durante la comida del jubileo no cesaron los brindis, los discursos, los abrazos y las lágrimas. En fi n, que Serlavis no esperaba que sus méritos fuesen premiados tan calurosamente.
-Señores -dijo en el momento de los postres-, hace dos horas he sido indemnizado por todos los sufrimientos que esperan al hombre que se ha puesto al servicio, no ya de la forma ni de la letra, si se me permite expresarlo así, sino del deber. Durante toda mi carrera he sido siempre fi el al principio de que no es el público el que se ha hecho para nosotros, sino nosotros los que estamos hechos para él. Y hoy he recibido la más alta recompensa. Mis subordinados me han ofrecido este álbum que me ha llenado de emoción.
Todos los rostros se inclinaron sobre el álbum para verlo.
-¡Qué bonito es! -dijo Olga, la hija de Serlavis-. Estoy segura de que no cuesta menos de cincuenta rublos. ¡Oh, es magnífi co! ¿Me lo das, papá? Tendré mucho cuidado con él... ¡Es tan bonito!
Después de la comida, Olga se llevó el álbum a su habitación y lo guardó en su secreter. Al día siguiente arrancó los retratos de los funcionarios, los! ró al suelo y colocó en su lugar los de sus compañeras de colegio. Los uniformes cedieron el sí! o a las esclavinas blancas. Colás, el hijo pequeño de su excelencia, recortó los retratos de los funcionarios y pintó sus trajes de rojo. Colocó bigotes en los labios afeitados y barbas oscuras en los mentones imberbes. Cuando no tuvo nada más para colorear, recortó siluetas y les atravesó los ojos con una aguja, para jugar con ellas a los soldados. Al consejero Craterov lo pegó de pie en una caja de fósforos y lo llevó colocado así al despacho de su padre.
-Papá, mira, un monumento.
Serlavis se echó a reír, movió la cabeza y, enternecido, dio un sonoro beso en la mejilla a Nicolás.
-Anda, pilluelo, enséñaselo a mamá para que lo vea ella también.


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                                                                                                                             EUKANDY.
Eran las tres de la tarde
Cuando le dispararon
Su cuerpo rebotó
El tallo de un roble
Y cayó boca arriba bajo su sombra
La sangre brotaba a raudales de su cabeza
Dibujando un mapa de muerte
Y en su Carrizal del alma
Su Carrizal de siempre
Cerró sus ventanas
Y cerró su boca
Para siempre
A lo lejos Marialabaja gemía
El triste llanto decía
“Fueron los Paracos”
Vete Elmer con sus manos abiertas
Y los bolsillos al revés
Vete en paz
Que nosotros tus amigos
Sacudiremos por ti el polvo de tus sandalias.

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LA HISTORIA SE REPITE
                                                                                              Gabriel García Márquez

Cuando éramos niños esperábamos ilusionados la Nochebuena.

Redactábamos una ingenua carta con una enorme lista de "Quiero que me traigas", y pasábamos contando los días con un aparato que llamábamos "Ya solo faltan".

Y cada mañana nos asomábamos a ver cuantos días faltaban para Navidad.

Pero a medida que se acercaba el día, las horas se nos hacían eternas y pasaban llenas de advertencias de "Si no te portas bien".

Gozábamos las posadas, visitábamos a la familia, íbamos de compras, llenábamos de focos nuestro pino hasta que, por fin, llegaba la anhelada Nochebuena.

La casa se llenaba de alegría y, con la mágica aparición de los regalos, las ilusiones se volvían realidad y, por un momento, olvidábamos el verdadero significado de la Navidad.

Hoy nuevamente llega la Nochebuena y la historia se repite con los hijos, que pasan los días redactando borradores de tiernas cartas con una imaginación sin límites. Piden, piden y piden: juguetes, pelotas, muñecas, "O lo que me quieras traer".

Y mientras a los niños la Navidad los llena de ilusión, a los adultos nos llena de esperanza y nos permite convivir con la familia regalándonos unos a otros cariño y buenos deseos, brindando por nuestros éxitos, apoyándonos unos a otros, apoyándonos en nuestras derrotas y tratando de entendernos.

¡Porque la mejor forma de festejar el nacimiento de Jesús es llamando al que está lejos, olvidando rencores tontos y resentimientos necios... amando y perdonando!


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LIBRO PROHIBIDO

                                                                                                                   Giovanna Robinson Rangel

Te observo cuando tomas un poema entre tus manos, tu voz se vuelve dulzura entre los picos de mi blusa, parecen querer salir de allí y recitar contigo. Sé que te gustan las letras, creo, más que la comida. Si me pusieran a elegir entre mis dos amores, no dudaría un segundo en preferirte a ti aunque seas un libro prohibido, donde mis manos vacías no conocerán el éxtasis.


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EL PAYASO DE LA LLUVIA…
                                                                                                                             Gonzalo Alvarino
El payaso de la lluvia agoniza, su atuendo de pintura y sonrisa se desvanece en el pavimento. Muere como el sol entre las aguas, porque los niños son terribles de este lado de la risa, y el payaso es solo un trozo de arcoíris tirado y sin zapatos en este martes que termina.

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SOBRE LA ESPERA
Roberto Núñez Pérez
Si espero eternamente,
Sin plazos,
sin tiempos.
Es entonces la muerte a quien espero.

lunes, 6 de octubre de 2014

En esta nueva edición además de traer el material literario a que los tenemos acostumbrados, también tenemos una buena información para todos nuestros poetas, escritores, amigos y lectores; para finalizar este año 2014 “La Revista Cultural Alborada”  ha programado un concurso literario de poesía y narrativa (cuentos), con cinco premios para los ganadores en las modalidades de poesía y narrativa y la publicación de un libro con las obras ganadoras a cara y sello.
Las bases del concurso y formulario de inscripción se encuentran al final de la publicación, para que los descargues y te motives a participar.


Un abrazo para todos y a lo que vinimos…


                                               OLVIDO





                                                                Quiero morirme
Como mueren los inviernos
Bajo el silencio de una noche veraniega
Quiero morirme
Como se muere mi pueblo
Serenamente sin quejarme de esta pena

Rosendo Romero 



Me senté a la puerta del atardecer
Y los recuerdos irrumpieron en mi mente
No sé porque
Pero nada es para siempre
Alguien lo dijo una vez.

Las personas cambian
Como esta luna 
Todo es efímero.

Entregue todo el amor que nunca use
Hice cosas que por nadie había hecho
En fin no sirvió...

He aprendido
Que no se debe mendigar una caricia
Rogar por un “Te Quiero”
Rogar por un beso.

No se debe juzgar sin conocer
Opinar sin saber
Lo único que deseo aprender
En este mismo instante es…
Como olvidarte.

                                     Gabriel José Ortega Vega.


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LOS POETAS, AMOR MÍO



Los poetas, amor mío, son
Unos hombres horribles, unos
Monstruos de soledad, evítalos
Siempre, comenzando por mí.
Los poetas, amor mío, son
Para leerlos. Mas no hagas caso
A lo que hagan en sus vidas.

                                         Raúl Gómez Jattin

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EL SUPER PUTAS

Ramiro Antonio  Beltrán Ovalle, un trabajador de finca, tumbador de monte, que duraba tres y cuatro meses en la sierra trabajando, su patrón tenía pacto con el diablo y  cada año en diciembre le entregaba un trabajador al propio Lucy.

En esa finca fue donde Ramiro adquirió un pacto con los monitos que pasaban de quince, él los utilizaba para trabajar y beber ron.

Cuando venía de la finca al pueblo, antes de llegar donde Ilena su esposa, llegaba al granero Jeiner y compraba una botella de ron pecho hundido y se la tomaba sólito de un solo trago.

Su efecto era inmediato, “tres quince”, allí era donde comenzaba el calvario de casi todas las mujeres del pueblo, casadas y solteras, las tenía acosadas y no había un hombre que le parara el macho al Súper.

Sacaba un rollo de billetes y le repartía a los pelaos para que fueran a las tiendas a comprar, les decía que no reclamaran el vuelto.

En la noche cuando los tenderos iban a cuadrar caja, solo encontraban unos papeles de celofán de cigarrillos  Piel Roja.

Comenzaba a vociferar y a decir a  parlante alto que todas ellas eran mujer de él, en especial  a Zoraida la esposa de Rico Figueroa.

Hasta que un día Crucita le reclamó al Mello su esposo, que la bravura solo era con ella, o si era que le tenía miedo al Súper Putas.

A los Guajiros Villanueveros  los Mellos Castro que no se lo brincaba un chivo, cuál de los dos hermanos fuera más bravo, a puño limpio a machete o cauchera de jondear piedra a los yolofos, allá en las arroceras del Diluvio.

Esperó el Mello que Ramiro y sus secuaces se emborracharan, cuando se encontraban tirados en el pretil de la casa del señor Gollo Rojas les rastrillo la rula colín de 80 cm de largo contra el pavimento de la carretera que las chispas de candela le prendieron el sombrero a el Súper Putas y sus quince niños en cruces, se despertaron del susto y se le salieron de los brazos donde se encontraban borrachos.

El Súper, al verse solo, cobarde y pendejo, salió corriendo, el Mello, con rula en mano lo perseguía, lo llevó hasta la entrada de la carretera que va para Pueblo bello, allí se le perdió.

Hasta ese día que uno de los Mellos se amarró el pantalón con una penca de Guácimo y se le paró al Súper, descansaron las mujeres de Aguas Blancas.
Hicieron una Asamblea y nombraron una presidenta para esperar a El Súper, su consigna era Castrarlo, para que se le acabara la bravura contra las mujeres del pueblo.

Todos los hombres apoyaron a las mujeres y se armaron de valor para darle su tactiquito al Súper Putas.

Los monitos roneros se metieron a una casa desocupada, de allí salían en la noche a robarse cuanto cachivache podían. Desocuparon los graneros de víveres que había en el pueblo.

El Inspector Melitón Meza mandó a buscar al brujo que vivía en Pueblo Nuevo para sacarlos de esa casa.

Ese día todo el pueblo cerró sus puertas para que los monitos tuvieran el camino libre hacia la finca Convención a donde fueron a parar, porque de allí salieron.

En  la casa de los monitos encontraron:

Dos sillas de caballos pertenecientes a la finca del Blanco de la Hoz, dos angarillas de Cornelio Quintero, el molino de maíz de Aminta Ochoa, cuatro bultos de Azúcar, dos cajas de panela, una caja de pecho hundido, dos rollos de alambre de púa y cinco cajas de Piel Roja, los quesos de la tienda el Satélite, andaban en bicicletas y motos que robaron en el pueblo.

El Súper se internó en el monte, llegaba al pueblo en horas de la noche, ahuyentado por la rula Colín del Mello Castro “el Guajiro”.

Después se supo que el ron mato al Súper Putas  su esposa Ilena, en el pueblo decía que fue el Mello el que lo mató.

Pero todos sabían que fue la pecho hundido la que lo mató, es más en los últimos días de vida, a Ramiro Antonio Beltrán Ovalle el pecho se le hundió como  piedra de amasar harina.

Ya no le decían el Súper Putas, lo llamaban el Morrocoyo.

                                                                                    Francisco Cadrazco Díaz

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NOS LLEGÓ LA HORA


Aplazado tantas veces
Lo sentíamos tan cerca
Que solo bastaba voltear
Y el bendito adiós nos pisaba
Los talones.

Pero aún nos quedaba
Una reserva de fe para burlarlo
Nos ingeniábamos
Y sacábamos siempre
Nuestro amor adelante.

Pero resultó un sofisma
La supuesta victoria
Y por fin hoy
Sin temores, ni rencores
Decidimos enfrentar el olvido
Y qué bien qué nos quedó el decorado.

                                                                    Javier Marruyo Vargas

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LA LUZ ES COMO EL AGUA


En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes.
En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de reinos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego.
Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-EI bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine.
Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada v fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-
, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel, la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salí por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.

                                                                                                      Gabriel García Márquez.

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EL VIEJO


El que es o el que era
Ha llegado con el viento
Señalándole su rumbo.

Bajo el brazo
Una guitarra muerta.
Por su pecho se ha desatado
La lluvia de los años
Arrebatándole por cuotas
Lo que aún queda
De sus sueños.

Su presencia lerda metida en su tristeza
Y uno que otro suspiro
Deseos sin alas para el vuelo
Para no morirse pronto.

                                                                                         Concepción Martes Charris.

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PARA LEER EN VOZ BAJA


Compartimos los cuerpos
Que era lo único nuestro que teníamos,
Y eso fu suficiente
Para que todo aquello que soñamos
Y que nunca tuvimos
También nos fuera dado.

                                                                                        Miguel Méndez Camacho.

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LUNA VISITANDO UNA VENTANA


Hay algo inocente
En la luna

Pasa la historia
Pasa el hombre
Y ella sigue iluminando
Los caminos

Esta noche mientras brilla
Sigue el hombre
Sigue la historia
Y dentro de mucho tiempo
Alguien más sucumbirá
A su delirio.

                                                                Juan Carlos Céspedes Acosta.
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TAMBIEN ESTAMOS MUERTOS

La mayoría de los hombres viven vidas
En una silenciosa desesperación…
H.D. Thoreau




La escena se repite en cualquier rincón del mundo
Padre y madre inconsolables
Tantos planes, sueños
Tenían todo por vivir.

Y los demás…
¿Quién llora por nosotros
Los que seguimos aquí
Y simplemente nos levantamos
Y arrastramos otro día?

                                                                                                   Rosemary Maciá.
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¿LUZ? ¿OSCURIDAD?


Hace algún tiempo Satanás encontró
A un joven que tenía un gran conflicto,
Su corazón estaba atrapado entre la luz y la oscuridad.

¿Qué camino escogerás?
El de la izquierda va a la oscuridad y el de la derecha a la luz.

El joven no dijo nada, solo siguió caminando,
! Ya veo ¡
Escoges el camino hacia la penumbra de la noche.

Satanás quedo impactado con lo que le dijo el joven:
¡No¡
Escojo el camino, hacia el amanecer.

El joven siguió caminando con una gran sonrisa en el rostro.

Víctor Rincones Ordóñez.

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EL FRACASO

Ilia Sergeich Peplov y su mujer, Cleopatra Petrovna, escuchaban junto a la puerta con gran ansiedad. Al otro lado, en la pequeña sala, se desarrollaba, al parecer, una escena de declaración amorosa. Su hija Nataschenka se prometía en aquel momento con el profesor de la Escuela Provincial, Schupkin.

-Parece que pica -murmuraba Peplov, temblando de impaciencia y frotándose las manos-. Mira, Petrovna... Tan pronto como empiecen a hablar de sentimientos, descuelgas la imagen de la pared y entramos a bendecirlos...

Quedarán cogidos. La bendición con la imagen es sagrada e irrevocable... Ni aunque acuda al juzgado podrá ya volverse atrás.
Al otro lado de la puerta estaba entablado el siguiente diálogo:
-¡Nada de su carácter!... -decía Schupkin, frotando una cerilla en sus pantalones a cuadros para encenderla-. Le aseguro que yo no fui quien escribió las cartas.
-¡Vamos no diga!... ¡Como si no conociera yo su letra! -reía la damisela lanzando grititos amanerados y mirándose al espejo a cada momento-. La reconocí en seguida. ¡Y qué cosa tan rara!... ¡Usted, profesor de caligrafía y haciendo esos garrapatos!... ¿Cómo va usted a enseñar a escribir a otros si escribe usted tan mal?...
-¡Hum!... Eso no significa nada, señorita. En el estudio de la caligrafía lo principal no es la clase de letra..., lo principal es mantener sujetos a los alumnos. A uno se le pega con la regla en la cabeza..., a otro se le pone de rodillas... ¡Pero la escritura! ¡Pchs!... ¡Eso es lo de menos!... Nekrasov era un escritor y daba vergüenza ver cómo escribía. En sus obras completas viene una muestra, ¡qué muestra!, de su caligrafía.
-Sí..., pero aquel era Nekrasov, y usted es usted... -un suspiro-. ¡A mí me hubiera encantado casarme con un escritor! ¡Se hubiera pasado el tiempo haciéndome versos!
-También yo puedo hacerle versos si lo desea.
-¿Y sobre qué sabe usted escribir?
-Sobre el amor..., sobre los sentimientos.... ¡Sobre sus ojos!... Cuando los lea usted se quedará asombrada. ¡Le harán verter lágrimas! Dígame: ¿si yo le escribiera unos versos llenos de poesía me daría a besar su manecita?
-¡Vaya una tontería!... ¡Ahora mismo si quiere! Bésela.
Schupkin se levantó de un brinco y con ojos que parecían prontos a saltársele apretó sus labios sobre la mano gordezuela que olía a jabón de huevo.
-¡Descuelga la imagen! -dijo apresuradamente Peplov, dando un codazo a su mujer, palideciendo de emoción y abrochándose los botones de la chaqueta-.
¡Anda, vamos! -y sin perder un segundo abrió la puerta de par en par-. ¡Hijos! - balbució, alzando las manos y con lágrimas en los ojos-. ¡Que el Señor los bendiga! ¡Hijos míos!... ¡Vivan! ¡Sean fructíferos y multiplíquense!...
-¡Yo!... ¡También yo los bendigo! -dijo la madre, llorando de felicidad-. ¡Sean dichosos, queridos míos! ¡Oh!... -prosiguió, dirigiéndose a Schupkin-. ¡Me arrebata usted mi único tesoro!... ¡Quiera a mi hija! ¡Mímela!...
La boca de Schupkin se abrió de asombro y de susto. El asalto de los padres había sido tan inesperado y tan atrevido que no podía pronunciar una sola palabra.
«Me han cogido... Me han cogido... -pensó, preso de espanto-. Te ha llegado el fin, hermano... Ya no te escaparás...» Y sumisamente presentó su cabeza, como diciendo: «¡Tómenla..., estoy vencido!»
-¡Los... ben.., bendigo... -prosiguió el padre; y empezó a llorar también-.
¡Natascheñka!... ¡Hija mía!... ¡Ponte a su lado!... ¡Petrovna, trae la imagen!
Pero en aquel momento el llanto del padre cesó y su rostro se alteró con furia.
-¡Zoquete!... ¡Cabeza huera! -dijo, dirigiéndose con enfado a su mujer-. ¿Es ésta acaso la imagen?...
-¡Ay, Dios mío!... ¡Virgen Santísima!...
¿Qué había ocurrido?... El profesor de caligrafía levantó temerosamente los ojos y se vio salvado. En su precipitación, la madre había descolgado equivocadamente de la pared el retrato del literato Lajechnikov. El viejo Peplov y su esposa Cleopatra, con él entre las manos, no sabían en su azoramiento qué hacer ni qué decir. El profesor de caligrafía aprovechó el momento de confusión y huyó.

                                                                                                                          Antón Chejov.

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“Si sufres es por ti,
si te sientes feliz es por ti,

si te sientes dichoso es por ti.

Nadie más es responsable
de cómo te sientes,
sólo tú y nadie más que tú.

Tú eres el infierno
y el cielo también”

                                          Osho.




martes, 15 de abril de 2014

Estamos actualizando esta entrega con un trabajo de un amigo el cual lo ponemos a consideración de ustedes  además de el material de nuestros constantes colaboradores, en esta ocasión tenemos un poema dramatizado, un cuento y una crónica muy jocosa, bueno pero dejemos la charla para las reuniones y entremos en materia.

CARMEN II


A donde va Carmen
Que el insensato verano
Le arranco sus flores
Y marchitó sus hojas
Su aroma cambió
Y sus vivos colores
Hoy son opacos grises.

La mariposa que revoloteaba
El cazador
Le despojo su arco iris
Y una estela gris
Matizo la estancia.

Hoy Carmen
Camina
Por una senda sin rumbo
Y sin destino
El amor
Ya no acompaña sus pasos.

Gabriel Ortega Vega

JUAN SIN NADA EL CAMIONERO 


Juan sin nada "El Camionero y su Oracion por Colombia"

Colaboración de un amigo.


ESTOY QUE MATO ESTE AMOR


Estoy que mato este amor
No es tarea fácil
Creció tanto y tiene el cuero tan duro
Que mi puñal no le alcanza la médula.
Pero tengo que acabar con él
Así sea a patadas
A empellones o mordiscos
Como sea, pero acabo con él.
Esté amor que por años dejé instalar
En mi piel, en mi corazón, en mis huesos
Y está en todas mis cosas
Apenas me levanto
Cuando trabajo
Cuando me acuesto.
Maldito sea este amor que me roba el alma.
Y si no puedo a la fuerza, lo intentaré con astucia,
Como un tirano inmundo al fin caerá de su trono
Y no se levantará jamás.
Se va a morir este maldito amor tuyo
De pura soledad.

Javier Marrugo Vargas.


RELOJ DE LA SOLEDAD


Le falta amor
A este momento,
Y a nuestro tiempo,
Igual siente el segundo,
Girando y girando,
Hasta volverse minuto.
Espera una fracción de tiempo
Que lo convierte en hora.
Giros y vueltas,
Similares pasos,
La misma tristeza.
Danza eterna
Y circular de los que aman
Pero no se encuentran.
Los que aman y callan,
Corriendo y transcurriendo,
Con similar compas y velocidad.
Amantes silenciosos,
Atrapados,
Esperando que se agote
El tiempo.
Soñando,
Con un estruendoso
Huracán de sentimientos,
Que los libere y los aleje,
Del sinsentido asfixiante y doloroso,
Contenido dentro del reloj,
De la soledad.

Víctor R. Rincones. O.


AMOR


No tengo miedo de mí
Sólo amar me llena
Y naturalmente no tengo
A nadie a quien querer
Porque si tuviera no tendría
Amor sino zozobra-miedo.

Raúl Gómez Jattin.


MUERTE



La óptima promesa de encontrarnos
Amor de mis amores, me anima
Muerte, a vivir ya: y no escatima
Un solo afán mi alma por hallarnos
En embelesada entrega; amarnos
Retirados, ¡ah¡ silenciosa sima
Tan hondo y tan lejos que ni las mismas
Estrellas insomnes, puedan estorbar.


Leo Castillo.


CUANDO COMENZÓ LA GUERRA



Tú no estabas en la guerra cuando comenzó

Te sacaron de una cantina del pueblo
Entre envases vacíos de aguardiente
Y el humo de cigarrillos americanos.

Te metieron a empujones de rifle
Y patadas de botas rústicas
En un camión estacionado en la esquina.

No supimos más de ti,
“tus amigos te extrañamos mucho
Y esperamos pronto tu regreso”.

Anoche tuvimos noticias tuyas;
Supimos que te traían a las siete
Según dice el periódico,
Con dos balas incrustadas
Que te habían llegado al cerebro
Cuando tú también
            Intentabas fabricar difuntos.

Concepción Martes Charris.


EL TATUAJE



El tatuaje no te salva
Porque no eres tigre
Que amenaza desde tu pecho
Ni la cobra que se yergue desde tu brazo

Eres pura carne que se abre
Hueso que se parte
Ínfulas de valiente
Ante la pavura del disparo.

Juan Carlos Cespedes.


AQUELLOS TIEMPOS



Como cambian los tiempos
Sobre todo en los carnavales
Que eran fiestas especiales
De gran alegría y gran talento

Ahora no se ven disfraces
Ni monos, ni morisquetas
Ahora solo oscuras casetas
Así que mire bien lo que hace

Si en los carnavales sales
Esta queja siempre escucho
Por qué algunos animales

Te tratan de viejo cucho
Y para colmo de males
Te toca baila el serrucho.

Santander Palma Ariza.


EL CUERPO DE LOS HERMANITOS QUINTERO


Apretaditos a la tierra comparten una misma muerte. Rubén, el mayor, conocía todos los matices del miedo; Ana aprendió de las serpientes el sigilo; Benjamín se quedó esperando el abrazo del papá. La muerte llegó de día, con un ruido que asustaba a los árboles. Cada familia cavó su propia tumba, ese fue el arreglo.

Ahora la foto de los hermanitos Quintero, apretaditos a la tierra, recorre las calles de Paris. A nadie le importa esa sangre tan lejana.

Gonzalo Alvarino.


SOBRE LO INÚTIL


De la vida
Lo único triste
Es la vida.
De la muerte
Nada vale la pena.

Roberto Nuñez Perez.


HICIMOS EL POEMA QUE NO PUDE ESCRIBIRTE


En últimas resulta
Que los buenos poemas, los mejores,
Nunca fueron escritos.
Y no podía ser de otra manera:
Hay que reconocer, humildemente,
Que bastó con vivirlos.

Lo demás es caer en tentaciones
De buscar el ahogado aguas arriba
De la pobre memoria.

Miguel Méndez Camacho.



EN LA ADMINISTRACIÓN DE CORREOS


La joven esposa del viejo administrador de Correos Hattopiertzof acababa de ser inhumada. Después del entierro fuimos, según la antigua costumbre, a celebrar el banquete funerario. Al servirse los buñuelos, el anciano viudo rompió a llorar, y dijo:
-Estos buñuelos son tan hermosos y rollizos como ella.
Todos los comensales estuvieron de acuerdo con esta observación. En realidad era una mujer que valía la pena.
-Sí; cuantos la veían quedaban admirados -accedió el administrador.
Pero yo, amigos míos, no la quería por su hermosura ni tampoco por su bondad; ambas cualidades corresponden a la naturaleza femenina, y son harto frecuentes en este mundo. Yo la quería por otro rasgo de su carácter: la quería -¡Dios la tenga en su gloria!- porque ella, con su carácter vivo y retozón, me guardaba fidelidad. Sí, señores; érame fiel, a pesar de que ella tenía veinte años y yo sesenta. Sí, señores; érame fiel, a mí, el viejo.
El diácono, que figuraba entre los convidados, hizo un gesto de incredulidad.
-¿No lo cree usted? -le preguntó el jefe de Correos.
-No es que no lo crea; pero las esposas jóvenes son ahora demasiado..., entendez
vous...? sauce provenzale...
-¿De modo que usted se muestra incrédulo? Ea, le voy a probar la certeza de mi aserto. Ella mantenía su fidelidad por medio de ciertas artes estratégicas o de fortificación, si se puede expresar así, que yo ponía en práctica. Gracias a mi sagacidad y a mi astucia, mi mujer no me podía ser infiel en manera alguna. Yo desplegaba mi astucia para vigilar la castidad de mi lecho matrimonial. Conozco unas frases que son como una hechicería. Con que las pronuncie, basta. Yo podía dormir tranquilo en lo que tocaba a la fidelidad de mi esposa.
-¿Cuáles son esas palabras mágicas?
-Muy sencillas. Yo divulgaba por el pueblo ciertos rumores. Ustedes mismos los conocen muy bien. Yo decía a todo el mundo: «Mi mujer, Alona, sostiene relaciones con el jefe de Policía Zran Alexientch Zalijuatski». Con esto bastaba.
Nadie se atrevía a cortejar a Alona, por miedo al jefe de Policía. Los pretendientes apenas la veían echaban a correr, por temor de que Zalijuatski no fuera a imaginarse algo. ¡Ja! ¡Ja!... Cualquiera iba a enredarse con ese diablo. El polizonte era capaz de anonadarlo, a fuerza de denuncias. Por ejemplo, vería a  tu gato vagabundeando y te denunciaría por dejar tus animales errantes...; por ejemplo...
-¡Cómo! ¿Tu mujer no estaba en relaciones con el jefe de Policía? –exclaman todos con asombro.
-Era una astucia mía. ¡Ja! ¡Ja!... ¡Con qué habilidad los llamé a engaño!
Transcurrieron algunos momentos sin que nadie turbara el silencio.
Nos callábamos por sentirnos ofendidos al advertir que este viejo gordo y de nariz encarnada se había mofado de nosotros.
-Espera un poco. Cásate por segunda vez. Yo te aseguro que no nos volverás a coger -murmuró alguien.

Antón Chejov.


EL FANTASMA DE RIOHACHA


El lunes pasado, cuando me disponía a anunciar que había un fantasma alborotando las calles de Riohacha, recibí una llamada que esperaba desde hacía dos meses. Era de Betty Martínez, la colega guajira que me estaba averiguando si lo del fantasma riohachero era o no una realidad. Apreté el auricular en mis manos y la dejé que hablara. Un sudor helado humedecía mi frente.
La historia había comenzado una tarde de fiesta en la capital guajira. Yo caminaba por la avenida Primera con mi amigo Andrej Satora, el actor que hizo el papel de «Arthur» en la telenovela Café. Atravesábamos con facha de extranjeros aquella avenida concurrida, mientras los basureros iban llenándose de botellas vacías de whisky importado y la multitud festiva bailaba vallenatos de Diomedes Díaz en plena calle y abarrotaba las fritangas callejeras.
Una camioneta Ranger roja, sin vagón, se nos atravesó de repente haciendo chirriar las llantas.
—¡Vengan pa’ cá los gringos! —gritó el conductor. Nos acercamos y pudimos verlo de cerca. Era un borracho moreno y regordeto, una albóndiga humana, que nos miraba con ojos inyectados y desenfocados. Iba con dos amigos y nos invitó a subir.
—¡Les voy a mostrá a Riohacha! —gritó. Andrej y yo nos miramos y antes de que pudiéramos tomar una decisión sensata ya estábamos embarcados. Adentro, la música vallenata sonaba a todo volumen.
Aquella camioneta arrancó como si el diablo y su corte la estuvieran persiguiendo, mientras espantaba a la multitud callejera.
Pasamos a ciento cincuenta kilómetros por hora y muchos tuvieron que hacer maromas para no ser atropellados. Pero nadie protestó: protestar por algo así en Riohacha está contraindicado por los médicos. El que se atreva puede terminar con un severo caso de exceso de plomo en el organismo.
Salimos de la avenida Primera y nos internamos en las calles angostas del centro de Riohacha. Cuando divisaban la camioneta a lo lejos, con su motor rugiente y sus llantas chirriantes, las señoras guardaban sus mecedoras a toda carrera y los niños ponían a salvo sus bicicletas en los andenes. Estuvo a punto de atropellar a un chiquillo que conducía desprevenido una cicla todoterreno, y también a un carro de mula. El animal, viejo y cansado, pegó un relincho al paso de la camioneta. Hasta ese momento, el tur por Riohacha se había convertido en una experiencia aterradora.
Andrej había perdido el tono bronceado y estaba amarillo del susto. Yo esperaba ansioso un «pare» para bajarme. Pero nuestro nuevo amigo no respetaba los «pares». Más bien nos ofrecía un whisky detrás de otro, y se empinaba la botella de Old Parr, como si fuera una Coca-Cola y estuviera muerto de sed, mientras nos mostraba los lugares turísticos trastocados: al cementerio lo confundió con el estadio de fútbol y al estadio de fútbol con la casa de su compadre Pitre. Intentó relatarnos la historia de Riohacha, pero confundía al almirante Padilla con Simón Bolívar y mezclaba las plomeras de la semana pasada con las batallas de hace dos siglos. Luego nos llevó a su barrio, cuyas vías estaban siendo pavimentadas. El hombre metió la camioneta por las calles a medio terminar, dobló las varillas de la obra, derribó una mezcladora de concreto, arruinó los jardines de las señoras y espantó a los muchachitos que jugaban fútbol en la calle. Pero nadie se quejaba, sino que se limitaban a mirarlo con ojos horrorizados.
Hasta que en una esquina se detuvo a saludar a un amigo y Andrej y yo nos hicimos los gringos de verdad: nos bajamos y tomamos un taxi. No volvimos a verlo, pero nos quedamos con su nombre en la memoria: se llamaba Papo Brito.
Esa noche Andrej y yo nos dimos gusto contando la historia.
Hasta que mencionamos el nombre del personaje ante un grupo de damas lugareñas y todas dejaron de reírse para mirarnos con ojos de terror. Una de ellas exclamó:
—¡Pero si a ese tipo lo mataron el año pasado!
A pesar de la temperatura ardiente de aquella noche riohachera, sentí un escalofrío de pies a cabeza.
Procedieron a contarnos que en efecto el difunto anduvo siempre en una Ranger roja sin vagón, que jamás conducía a menos de ciento cincuenta y que nadie se atrevía a reaccionar porque actuaba sin contemplaciones con su pistola en cualquier esquina. Una de las señoras lo definió a su manera:
—Era un hombre de respeto.
Hasta que en una de esas bravuconadas callejeras, el hombre fue víctima de su propio invento. Se bajó con la pistola en la mano a reclamarle a una mujer que le había hecho sonar la bocina desde atrás, y ésta lo recibió con todas las balas de una minipistola calibre veintidós.
Así llegué a la inquietante conclusión de que había un fantasma suelto por las calles de Riohacha. No era uno de esos silenciosos y aburridos fantasmas que se aparecen en las mansiones viejas y espantan a un par de solteronas lúgubres. No. El de Papo Brito era un fantasma inquieto, loco y procaz, bebedor y parlanchín; un espanto que hacía tiros al aire, bebía cuatro días seguidos, les dañaba las begonias a las vecinas y se orinaba en la vía pública: en síntesis, una especie de Beetlejuice del Caribe. Con su perspicacia de campesino polaco, Andrej llegó a una conclusión:
—Si hubiéramos atropellado al mulo viejo o al niño de la todoterreno nada hubiera pasado.
Confieso que en lo más profundo de mi alma tuve la tentación de tragarme entero el cuento del fantasma. Pero no pude resistir el impulso de la razón. Le pedí a Betty Martínez, amiga periodista, que indagara por la ciudad si el célebre difunto tenía un homónimo. Ella duró dos meses averiguando. La llamada del lunes era para darme el resultado de su investigación.
—Hay otro Papo Brito —me anunció.
—¿Y anda en una Ranger roja? —le pregunté ansioso.
—Anda en una Ranger roja sin vagón —me confirmó
Betty.El fantasma acababa de morirse. Llamé entonces a Andrej a Bogotá y le conté.
—Me alegro —respondió en tono de alivio—, porque ese fantasma ya no me dejaba ni actuar.
Decepcionado me senté entonces a escribir esta crónica, cuyo título es —ni más ni menos— lo que yo hubiera preferido que fuera la verdad.

Ernesto McCausland Sojo.


EL PERDÓN NO SE HA VENCIDO


No te vayas de la vida.  Amor.
Conjuremos la amenaza
Con la primavera de un nuevo lugar.

Cerdada la mirada
Habíamos guardado las palabras
Para los sueños.

En la hora de los pájaros dormidos
Tu corazón presentía mis afanes.

Icemos la espera.

El orgullo de los amantes
Puede concertarse.

No te vayas de la vida. Amor.


 Elizabeth Castañeda Rodelo.