domingo, 29 de diciembre de 2013

Ya hoy estamos a dos días de finalizar el año 2013, pero en esta ocasión no vamos a publicar ningún poema solo les queremos desear una FELIZ AÑO NUEVO y que Dios los colme de muchas bendiciones y en el 2014 vendremos con mucha poesía y cosas nuevas para nuestros lectores. Feliz año nuevo. Feliz año nuevo. Gabriel Ortega Vega. Editor.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Ya estamos en el mes de Septiembre el que comienza el final del año y las brisas del mar se están acercando con esa sal que nos revive los recuerdos y nos llena de nostalgia porque se acerca un mes que por ser el último del calendario, viene cargado de nostalgia y alegrías para muchos.

En esta ocasión la Revista Cultural Alborada Digital, ha decidido salir bimestralmente para dar más  tiempo a los colaboradores y a nuestros lectores en disfrutar el trabajo.


Hoy tenemos poesía de poetas colombianos y un cuento de un Ruso que espero le guste, no siendo más manos a la obra.


Hoy y hoy


Como el rio adusto
Así estoy,
La soledad ha lacrado mis labios
Y de mi boca no sale ya un sonido,
Mi cerebro se ha cerrado
Cual caja de valores
Que impenetrable es.
En el espejo
Ya ni mi reflejo se ve
Siento miedo
Porque no quiero
Que la soledad deje de escoltarme.

II

Camino  por la calle
Y no veo compañía
La ciudad se desaparece
Tras mi paso.
De seguir así
No creo alcanzar a llegar
A donde
Siempre desee.

Gabriel Ortega Vega

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Recuento del pasado que he sido y seré



Un día fui polvo,
Estrella,
Agua y alga,
Árbol alimentándose de la sal de los ríos.
Un día fui caracol,
Pasto,
Desierto,
El jugo de naranja que ahora me alimenta,
La madera de la que está hecha nuestra cama,
La arena que guardo en mis zapatos.
Sí ¿no me crees?
He sido sal,
Estiércol,
Pájaro y simio.
Vengo de lo más profundo de la tierra,
De la más lejana de las estrellas.
Otro día, no sé cuándo,
Volveré a ser polvo,
Tierra o durazno.
Como ves
No es cualquiera el que te ama.

Roberto Núñez Pérez.

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La indiferencia



El culo en tierra
Delirante mendigo un escupitajo
Que me honre el rostro.
Tus zapatos importantes
Me patean en el cuello para que aúlle.

Me aconsejas
Un motor 450
Cuatro tiras de fibra de vidrio
Y un objeto de plástico y alambritos para poder hablar
En voz alta
Con invisibles interlocutores
Mientras camino o conduzco sin ver
Para que me puedas ver.

Si nunca llevo prisa
Una palabra llevo para saludarte
Y en mi celebración de la luz
Soy una fantástica fiesta
Inaudible
Un fantasma
En tu corazón muerto.

Leo Castillo

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La soledad



Si miramos el rostro de la amada
Y cerramos los ojos
Para palparlo luego en la memoria
El fantasma del miedo nos traiciona.

Por eso los amantes
No se dan nunca nada el uno al otro
Y las manos que recorren los cuerpos
No persiguen la piel
Sino el olvido de la futura soledad.

Y las caricias se prodigan
No a los cuerpos
Sino al vacío de la ausencia
Al temor de quedar sin compañía.

Miguel Méndez Camacho

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Poema de amor para un mulato


Regálame tu piel mulato
Para vestirme de noche
Mírame infinita
Con tus ojos de corozo biche.

Alégrame hasta la risa con tu risa
De tierra de palenques
Y de humo de tabaco.

Regálame tu piel mulato
Para gemir en el rito de muleque núbil
Tamboréame el vientre con tus falanges de fuego
Y arráncame el grito dormido de lumbalú.

Escóndeme en tu vientre, retorno tropical
Para poblar la tierra de semillas cimarronas.

Búscame en cada seno de mestiza lunera
Para que tu boca no envejezca.

Regálame tu piel mulato
Para que no muera de tu casta, el poema.

Elizabeth Castañeda Rodelo

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Mariposa



Estoy prisionero
en una cárcel de salud
y me encuentro no marchito
me encuentro alegre
como una mariposa
acabada de nacer
“!Oh, quién fuera hipsipila
Que dejó la crisálida!”

Vuelo hacia la muerte.

Raúl Gómez Jattin

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La noche que la luna no salió



Los hombres llegaron al anochecer, botas puertas abajo, y
se instaló la muerte.
Por la mañana sólo los perros corrían por las calles ladrando
al viento.


Juan Carlos Céspedes Acosta

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ANIUTA


Por la peor habitación del detestable Hotel Lisboa pa seábase infatigablemente el estudiante de tercer año de Medicina Stepan Klochkov. Al par que paseaba, estudiaba en voz alta. Como llevaba largas horas entregado al doble ejercicio, tenía la garganta seca y la frente cubierta de sudor.
Junto a la ventana, cuyos cristales empañaba la nieve congelada, estaba sentada en una silla, cosiendo una camisa de hombre, Aniuta, morenilla de unos veinticinco años, muy delgada, muy pálida, de dulces ojos grises.
En el reloj del corredor sonaron, catarrosas, las dos de la tarde; pero la habitación no estaba aún arreglada. La cama hallábase deshecha, y se veían, esparcidos por el aposento, libros y ropas. En un rincón había un lavabo nada limpio, lleno de agua enjabonada.
—El pulmón se divide en tres partes —recitaba Kloch kov—. La parte superior llega hasta cuarta o quinta costilla...
Para formarse idea de lo que acababa de decir, se palpó el pecho.
—Las costillas están dispuestas paralelamente unas a otras, como las teclas de un piano — continuó—. Para no errar en los cálculos, conviene orientarse sobre un esqueleto o sobre un ser humano vivo... Ven, Aniuta, voy a orientarme un poco...
Aniuta interrumpió la costura, se quitó el corpiño y se acercó. Klochkov se sentó ante ella, frunció las cejas y empezó a palpar las costillas de la muchacha.
—La primera costilla —observó— es difícil de tocar. Está detrás de la clavícula... Esta es la segunda, esta es la tercera, esta es la cuarta... Es raro; estás delgada, y, sin embargo, no es fácil orientarse sobre tu tórax... ¿Qué te pasa? —¡Tiene usted los dedos tan fríos!... —¡Bah! No te morirás...
Bueno; esta es la tercera, esta es la cuarta... No, así las confundiré... Voy a dibujarlas... Cogió un pedazo de carboncillo y trazó en el pecho de Aniuta unas cuantas líneas paralelas, correspondientes cada una a una costilla.
—¡Muy bien! Ahora veo claro. Voy a auscultarte un poco. Levántate.
La muchacha se levantó y Klochkov empezó a golpear le con el dedo en las costillas. Estaba tan absorto en la operación, que no advertía que los labios, la nariz y las manos de Aniuta se habían puesto azules de frío. Ella, sin embargo, no se movía, temiendo entorpecer el trabajo del estudiante. «Si no me estoy quieta —pensaba— no saldrá bien de los exámenes.» —¡Sí, ahora todo está claro! —Dijo por fin él, cesando de golpear—. Siéntate y no borres los dibujos hasta que yo acabe de aprenderme este maldito capítulo del pulmón. Y comenzó de nuevo a pasearse, estudiando en voz alta. Aniuta, con las rayas negras en el tórax, parecía tatuada. La pobre temblaba de frío y pensaba. Solía hablar muy poco, casi siempre estaba silenciosa, y pensaba, pensaba sin cesar.
Klochkov era el sexto de los jóvenes con quienes había vivido en los últimos seis o siete años. Todos sus amigos anteriores habían ya acabado sus estudios universitarios, habían ya concluido su carrera, y, naturalmente, la habían olvidado hacía tiempo. Uno de ellas vivía en París, otros dos eran médicos, el cuarto era pintor de fama, el quinto había llegado a catedrático. Klochkov no tardaría en terminar también sus estudios. Le esperaba, sin duda, un bonito porvenir, acaso la celebridad; pero a la sazón se hallaba en la miseria. No tenían ni azúcar, ni té, ni tabaco. Aniuta apresuraba cuanto podía su labor para llevarla al almacén, cobrar los veinticinco copecs y comprar tabaco, té y azúcar. — ¿Se puede? —preguntaron detrás de la puerta. Aniuta se echó a toda prisa un chal sobre los hombros. Entró el pintor Fetisov. —Vengo a pedirle a usted un favor —le dijo a Klochkov—. ¿Tendría usted la bondad de prestarme, por un par de horas, a su gentil amiga? Estoy pintando un cuadro y necesito una modelo.
—¡Con mucho gusto! —Contestó Klochkov—. ¡Anda, Aniuta! —¿Cree usted que es un placer para mí? — murmuró ella. —¡Pero mujer! —Exclamó Klochkov—. Es por el arte... Bien puedes hacer ese pequeño sacrificio.
Aniuta comenzó a vestirse. —¿Qué cuadro es ése? —preguntó el estudiante. —Psiquis. Un hermoso asunto; pero tropiezo con dificultades. Tengo que cambiar todos los días de modelo. Ayer se me presentó una con las piernas azules. «¿Por qué tiene usted las piernas azules?», le pregunté. Y me contestó: «Llevo unas medias que se destiñen...»
Usted siempre a vueltas con la Medicina, ¿eh? ¡Qué paciencia! Yo no podría... —La Medicina exige un trabajo serio. —Es verdad... Perdóneme, Klochkov; pero vive usted... como un cerdo. ¡Que sucio está esto! —
¿Qué quiere usted que yo haga? No puedo remediarlo. Mi padre no me manda más que doce rublos al mes, y con ese dinero no se puede vivir muy decorosamente.
—Tiene usted razón; pero... podría usted vivir con un poco de limpieza. Un hombre de cierta cultura no debe descuidar la estética, y usted... La cama deshecha, los platos sucios...
—¡Es verdad! —Balbuceó confuso Klochkov—.
Aniu ta está hoy tan ocupada que no ha tenido tiempo de arreglar la habitación.
Cuando el pintor y Aniuta se fueron, Klochkov se tendió en el sofá y siguió estudiando; mas no tardó en quedarse dormido y no se despertó hasta una hora después. La siesta lo había puesto de mal humor. Recordó las palabras de Fetisov, y, al fijarse en la pobreza y la suciedad del aposento, sintió una especie de repulsión. En un porvenir próximo recibiría a los enfermos en su lujoso gabinete, comería y tomaría el té en un comedor amplio y bien amueblado, en compañía de su mujer, a quien respetaría todo el mundo...; pero, a la sazón..., aquel cuarto sucio, aquellos platos, aquellas colillas esparcidas por el suelo... ¡Qué asco! Aniuta, por su parte, no embellecía mucho el cuadro: iba mal vestida, despeinada...
Y Klochkov decidió separarse de ella en seguida, a todo trance. ¡Estaba ya hasta la coronilla!
Cuando la muchacha, de vuelta, estaba quitándose el abrigo, se levantó y le dijo con acento solemne: —Escucha, querida... Siéntate y atiende.
Tenemos que separarnos. Yo no puedo ni quiero ya vivir contigo. Aniuta venía del estudio de Fetisov fatigada, nerviosa. El estar de pie tanto tiempo había acentuado la demacración de su rostro. Miró a Klochkov sin decir nada, temblándole los labios.
—Debes comprender que, tarde o temprano, hemos de separarnos. Es fatal. Tú, que eres una buena muchacha y no tienes pelo de tonta, te harás cargo.
Aniuta se puso de nuevo el abrigo en silencio, envolvió su labor en un periódico, cogió las agujas, el hilo...
—Esto es de usted —dijo, apartando unos cuantos terrones de azúcar.
Y se volvió de espaldas para que Klochkov no la viese llorar. —Pero ¿por qué lloras? —preguntó el estudiante. Tras de ir y venir, silencioso, durante un minuto a través de la habitación, añadió con cierto embarazo:
—¡Tiene gracia!... Demasiado sabes que, tarde o temprano, nuestra separación es inevitable. No podemos vivir juntos toda la vida.
Ella estaba ya a punto, y se volvió hacia él, con el envoltorio bajo el brazo, dispuesta a despedirse.
A Klochkov le dio lástima...
«Podría tenerla —pensó— una semana más conmigo. ¡Sí, que se quede! Dentro de una semana le diré que se vaya.»
Y, enfadado consigo mismo por su debilidad, le gritó con tono severo:
—Bueno; ¿qué haces ahí como un pasmarote?
Una de dos: o te vas, o si no quieres irte te quitas el abrigo y te quedas. ¡Quédate si quieres!
Aniuta se quitó el abrigo sin decir palabra, se sonó, suspiró, y con tácitos pasos se dirigió a su silla de junto a la ventana.
Klochkov cogió su libro de medicina y empezó de nuevo a estudiar en voz alta, paseándose por el aposento.
«El pulmón se divide en tres partes. La parte superior...» En el corredor alguien gritaba a voz en cuello: —¡Grigory, tráeme el samovar!

Anton Chejov

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GENESIS


En el principio
Solo existía el silencio
Era una nota musical
Que se escuchaba a sí misma monótona y gris
La luz nos bastó
Y una noche o un día
Que nadie recuerda
Decidió morir
Invento al hombre.

Harold Ballesteros

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Dejo este amor aquí


Dejo este amor aquí,
para que el viento
lo deshaga y lo lleve
a caminar la tierra.

No quiero
su daga sobre mi pecho,
ni  su lenta
ceñidura de espinas en
la frente
de mis sueños.

Que lo miren mis ojos
vuelto nube,
aire de Abril,
sombra de golondrina
en los espejos frágiles
del mar…
trémula lluvia
repetida sin fin
sobre los árboles.

Tal vez un día, tú
que no supiste
retener en las
manos su jubilo
perfecto, conocerás
su rostro en un
perfume,
o en la
súbita muerte de
una rosa.


Meira Delmar

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domingo, 16 de junio de 2013


ALBORADA EN EL MES DE JUNIO

En esta ocasión estamos más puntuales que de costumbres, pero es que vamos a tomar el hábito  de aparecer cada mes, para deleitar a nuestros lectores, pero antes aclaramos algo que no deseábamos tocar, pero en cuestiones legales se hace muy importante. En el numero anterior se presentó un malentendido con el señor javier marrugo que ya no hace parte de nuestro grupo, en el cual el referido se adjudicaba la propiedad material e intelectual de la Revista Cultural Alborada Digital, cosa que es muy falsa ya que esta tribuna de difusión de los noveles y veteranos poetas y escritores es de propiedad y creación de Gabriel José Ortega Vega, quien la ha mantenido a pesar de las ocupaciones y fallas en la red de internet que hemos tenido en los últimos meses, esto lo hacemos para dejar claro quiénes somos y quienes estamos en la  Revista Cultural Alborada Digital.
Ya realizada la aclaración pasamos a mostrar el material que nos enviaron los colaboradores de la Revista Cultural Alborada Digital, en esta nueva puesta en escena. 














 EL
               

Él se cree poeta
Y escribe toneladas de versos,
Se cree escritor
Y escribe kilómetros de prosa,
Se cree orador
Y de su boca salen decibeles y sonidos
Nada más

Una mañana
Que despertó
Se miró al espejo
Y el frio cristal
Le mostró la dura realidad

Solo era un incipiente hombrecillo
Que su imaginación exaltada
Engaño.

Gabriel José Ortega Vega


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 Cuando yo estaba chiquito
Me daban panela y queso
Ahora que estoy grande grandecito:
Me dan con el rejo teso.

La mujer que se enamora,
Del vestido y no del hombre;
Es porque se enamora
De la fruta que el burro esconde

Bien me dijo mi mamá,
Ñamarse  Nicolasa,
Llévate un bollo Diego,
Que no vas para tu casa.

Guillermo Valencia Salgado.


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 Susana

Sentada en mis piernas
Susana está desnuda y se levanta
Se levanta y danza
Al borde del milagro desafiante
Y coqueta ante el abismo.

Susana acciona el aparato de vídeo
Para que veamos pornografía
Y me deja entrar en ella.

Y me deja así mismo salir de ella.

Susana me da su cuerpo
Pero su alma la reserva
Para uno que se aleja insensiblemente en ella misma
En ella misma, ignorando
Sin acordes ya incluso.

Susana lleva dentro el eco
Del paso de su habitante
Y cada tanto lo saluda
Con el pañuelo borroso de su sonrisa
Y le extiende su ternura rezagada.

Susana destinada a su andén
Combada contra la esquina
Como un arco iris en la bocacalle
Como trampa del cielo
En el centro de la noche.

Susana, la putica bonita de la calle Caldas
Festiva mariposa que juega y arde
En el pabilo encendido de cada noche.


Leo Castillo.

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 Dios terrible

El encierro es brutal
sin embargo aquí
me acoge la comodidad
de un pan y un lecho
No tengo nada
de qué quejarme
y aunque hubiera
tampoco lo haría
Si no me quejo de tener
un Dios terrible en las entrañas
¿por qué me dolería
de mi encierro?.

Raúl Gómez Jattin.

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 NOTA DE VIAJE

Veníamos del sur
Como quien huye de la peste
La muerte nos seguía
A prudente distancia
Como perro de guardia
Al llegar a la frontera
Los hombres
Apuñalaron sus recuerdos.

2
Cuando tengas un amante
No olvides contarle en detalles
Tus amores pasados
Él sabrá  cómo enfrentarse a  sus fantasmas.

Harold Ballesteros.


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 Gaviota jirusa

Exhausto y casi yerto por los azote
De las olas marinas amorfas del trópico,
Me cautivan sendas gaviotas que giran
En simetría rumbo al pináculo majestuoso
De la serranía del Perijá.

Extasiado y bajo la égida de la sombra
Que embellecen las playas
Sirvo de señuelo para atrapar la incauta y
Rozagante gaviota.

Exótica belleza estelar
Que me inspira nobles sentimientos,
Como las notas y eufonía expresada
Con frenesí por el juglar campechano,
En el ágora adornada con antología
De flor y fauna abisales.

Ave erudita que cruza el océano
En el crepúsculo del Caribe,
Enarbolando el aureola de diez lunas estelares
Que matizan la dulzura de tu cálida espada.

El perfume imaginario de tu bello canto vesperal
En universo reclama a tus pies,
Eres en definitiva Ave Jirusa:
Jovial, idílica, rebelde, única, sensible y amorosa…


Rodrigo Montoya Ramírez


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 FALSOS POSITIVOS

En Colombia
Si alguien te manda a matar con alguno
¡Te matan!
Y nadie vio a ninguno
Y ninguno vio a nadie
Y aunque sabemos que nadie y alguien
Son alguno
Al final termina siendo ninguno
Y el que no aparezca alguno la culpa es uno.

Eukandy.

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 Paraíso*
Vio que lo hecho era bueno y descansó. Al día siguiente
despertó turbado por un horrible sueño: Imaginó que había
creado al hombre.



El insomnio del difunto
¿Cómo convencerlo de que está muerto, con su ojo de vidrio
que no cierra?

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* Cuento ganador del II Concurso de Minicuento “David Sánchez Juliao”,
Universidad. de Córdoba


Juan Carlos Céspedes Acosta.

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EN UNA PARRANDA, LICHO CAMARGO Y JUSTINIANO PADILLA, PERDIERON SUS DIENTES


Todavía quedan personas que hacen el bien, sin importar a quien, la ciencia ha avanzado tanto que en las Universidades brotan cientos y cientos de profesionales, sin embargo Antonio Carroll Vázquez, un Barranquillero que aprendió de su tío a hacer chapas, colocar coronas de oro, de plata y sacar, Los Incisivos (4 superiores y 4 inferiores), Caninos (2 superiores y 2 inferiores), Premolares (4 superiores y 4 inferiores), Molares (6 superiores y 6 inferiores)
Muelas del juicio (2 superiores y 2 inferiores), sin sangrado y  sin dolor.

Se rebusca por los pueblos de la costa, ofreciendo su trabajo y como es honesto y cumple con sus obligaciones, le va bien.

El doctor Toño, como le llaman por donde quiera que pasa, cambiándole la sonrisa a miles de parroquianos, con su particularidad de que no duele, ni botan sangre.

Licho Camargo y Justiniano Padilla, estaban enparrandaos, acompañando al blanco Abigail  y a su primo Thomas, quienes ya llevaban una docena de Marianamen de las grandes, día y medio de haber comenzado la parranda, dos sancochos de carnero viche y tres guisadas de pavo pasados por vinagre y limón, acompañados con yuca harinosa.

Todos los parranderos estaban en tres quince, pero Licho y Justiniano estaban pasados de esas cifras, quizás en treinta y cuarenta, ya no se pertenecían.

A lo lejos de la calle larga, con un sol en 42 grados y un humito que brotaba de la carretera,  Abigail vio venir a un cimarrón de hombre de color moreno, 1,80 ctms de estatura,  con un maletín de dentista de color negro.

A los pocos minutos estaba el Doctor Toño integrado a la parranda, tragos vienen tragos van, Justiniano estaba dormido en un taburete con la boca abierta y babiao, en su interior se le asomaban dos postes o madrinas de esas de amarrar el ganado en un corral, amarillas de la nicotina del tabaco negro y romas de tanto jalar chivo seco, yuca asada, ron ñeque, cañita y el gorriao de marianamen.

Cerquita de Justiniano estaba Licho en el mismo estado, la mente ágil de Abigail, le dictó que esta era la hora y la oportunidad de salir esos dos amigos,  de esos caninos y molares en mal estado y que los hacía ver más viejos.

Le dijo a el doctor, examíneles la boca a esos dos, a ver si se le arregla el día, en el estado en que estaban era fácil  diagnosticar: Dos caninos, tres molares arriba y dos abajo (Justiniano). Dos caninos y dos molares arriba y tres abajo (Licho).

A treinta mil pesos por cada uno, serian en total $420.000.oo pesos, se dio la orden de proceder al doctor Toño, que ni corto ni perezoso y con unos traguitos entre pecho y espalda, fue abriendo su maletín de cuero negro con tres compartimientos internos, lleno de Guantes, pinzas de todos los tamaños y formas, pomadas, agujas, seda dental, pita curricán, espejos grandes y pequeños y una botella  de lava gallo, para lavarse las manos y calmar la sed.

El primero fue mano Licho, a quien no hubo la necesidad de abrirle la boca, porque la tenía abierta a 180 grados, le metieron un dedo del grande de un guineo maduro untado de una pomada rosada, que se la sobaron en la encía de arriba y la de abajo.

La misma dosis le hicieron a Justiniano y los dejaron que siguieran dormidos, quizás buenos y sanos no se hubieran sometido a tan desproporcionada barbarie.

Al cabo de una media hora, el médico pidió una cerveza y en forma de chorro se la introdujo a los dos que seguían con la boca abierta. Un espumarajo brotó de la boca de los parroquianos, signo que indicaba,  que era la hora de la pinza.

Sacó Toño,  dos bolsitas plásticas transparentes y llamo a un joven de los que estaban jugando bola en la calle, le pidió que abriera la bolsa  y con una destreza impresionante fue sacando a cada uno las catorce piezas de la boca de los dos pacientes, quienes seguían placidos en su sueño.

Median dos centímetros hacia afuera y hacia dentro de la encía median diez centímetros, parecían colmillos de Jabalí.

Nuevamente pidió una cerveza y se las dio en forma de chorro, ahora si se la tragaron y siguieron durmiendo.

Todos quedaron atónitos y le preguntaban al dentista que hizo para que no les doliera y no botaran sangre, mas borrachos que estaban, con la sangre caliente, solo alcanzó a decir,  eso fue con secreto.

Cobró su plata que hasta por cierto le cobraron el ron que se bebió y $400.000 en efectivo, que pagó el blanco Abigail.

Licho Camargo, se despertó al rato y pidió un trago de ron, llamaron a los muchachos quienes andaban haciendo broma con las dos bolsitas de dientes y se la mostraron, que jocosamente y sin saber que esos eran sus dientes dijo:

-Cuando mataron ese jabalí y le sacaron los dientes.

Uno de los muchachos era su nieto, le dijo, no papa no son de Jabalí,  son los tuyos que el dentista te los sacó.

Miró Licho para todos los lados buscando al dentista, quien ya llevaba medio tabaco de camino. Agachó la cabeza y se fue para su casa calladito.

A la mañana siguiente de la parranda, se levantó Licho y pidió el desayuno, su mujer le trajo pegado de arroz del día anterior, dos chicharrones de puerco viejo y un vaso con café con leche bien caliente.

Cuando Licho le metió el diente al chicharrón fue que sintió que los había perdido, solo era encía lo que había en su boca y de inmediato reclamó:

-Bueno mujer y esta clase de comida que es, tú no sabes que ayer me sacaron los dientes.

 Su mujer llena de rabia por la borrachera que trajo anoche  y sin dientes le dijo:

-No, yo no sé nada, no lo sabes tú, revísate a ver que más te sacaron y te metieron, allá en la parranda.

Justiniano se despertó en su casa y pregunto la hora, pero notó que los dos postes o madrinas que tenía en la boca ya no estaban, a su mujer le trajeron la bolsita con los siete especímenes come yuca, chicharrón y destapa cervezas de su marido, ella picada de culebra estaba esperando que Justi dijera algo al respecto.

Como Justi, no dijo nada ella cogió su bolsita y de dirigió con el manduco de lavar la ropa y se paró al frente de la hamaca donde estaba su marido y le mostró, al cual el dijo:

Herda mija, a quien le sacarían esos dientes tan grandes.

Y se le notaba en su hablado el Fla Fla Fla, de la carencia de ellos.

Mayo ese día levantó a manduco a Justi, que lo tuvieron que llevar al hospital.
Ahora por donde quiera que van Licho y Justiniano en el pueblo y sus alrededores les gritan:

-Te Coge  Toño,  el saca muela.

Nadie quiere beber con Abigail y su primo Thomas, temiendo quedarse dormidos y perder sus dientes a mano del Doctor Toño, el Barranquillero.

Esta es una forma elegante,  de alejar de las parrandas,  a tantos gorreros.

Francisco Cadrasco Díaz. 


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 HOJAS DE OTOÑO

Las hojas del otoño
tienen
            / para mí /
un encanto especial.

¿Será el color?
¿será la forma?
¿será el sentido de la estación?

Del verde al dorado,
generosa paleta de tonos
transformados
en oro, cobre, bordó, marrón.

¿Qué cuerda profunda
de mi Ser rasguean,
que la emoción sintonizada
es tierna, alegre,
                          agradecida,
y resuena
en la vida que transcurre
sin prisa, sin pausa,
                          hacia el atardecer?

De algún modo
esperan
             que les toque la caída.
Algunas, más ansiosas,
pre-anuncian
el suelo dorado
              que alfombrará mi pie.

Otoño es espera /
es paciente disfrutar /
es edad de oro /
es soñar / y, sin duda,
                                  es mucho más.

ELBA MEIER




viernes, 17 de mayo de 2013


ALBORADA 

Otros mes de mayo más en la larga cuenta de los años, un mes que el comercio le ha dedicado a las madres, pero este es un homenaje más bien monetario, porque las madres no se merecen solo un día o un mes se merecen todo el tiempo del mundo. Madre, mujer, creadora de vida que en compañía de su pareja engendra vida, como los poetas y escritores que hoy nos acompañan en esta nueva entregan con sus hijos paridos de lo más profundo de sus sentimientos  para que ustedes lectores se adueñen de ellos y los hagan suyos, así como el transeúnte desconocido mira un cuadro y se ve reflejado en él, aquí estamos entregando el producto de un parto que sale a caminar el mundo y se mete en las mentes para adueñarse de sueños, quimeras, mentiras y demás…..  








 SOLEDAD

Soledad
La compañera de mis pesares
Mi acompañante indeleble
En esta y todas las horas.

Te pido
Que no me dejes
Porque sin tu presencia,
Sin tu compañía
No creo poder
Resistir el bullicio
De esta vida llena de…
Afanes y falacias
Que me llevaron a…
Vivir contigo.

Gabriel José Ortega Vega
































 De lo que soy

En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
Y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebrada: ya pasaron tus días
La poesía es la única compañera
acostúmbrate a sus cuchillos
que es la única.

Raúl Gómez Jattin



 EL GIGANTE EN MAR DE LA PAZ

Cuando el gigante de la nariz puntiaguda salió de la población de Santamaría.  Llegó a un lugar llamado Mar de la Paz, donde había un rey muy bueno que le servía con amor a todas las personas pero le temía mucho al monstruo del río de la Cruz.

Se preguntarán ustedes: ¿Quién era el monstruo del Río de la Cruz?  De pronto también se preguntarán: ¿Dónde está situado el Río de la Cruz?

El monstruo del Río de la Cruz era un cocodrilo enorme que salía del agua siempre que los niños desobedecían y se tragaba sus mascotas de un solo mordisco.  Siempre que este monstruo aparecía los niños gritaban: ¡Ayuda por favor Dios que tenemos mucho miedo! - ¡Oh no, tiene los dientes más feos y afilados que el lobo del cuento de Caperucita!  Y el rey bueno temblaba y se preguntaba: ¿Qué hago con este monstruo que está acabando con las mascotas?

El Río de la Cruz está situado en el Planeta de los Sueños que es un lugar que tiene: ¡Los árboles más hermosos de todito el mundo!  ¡Sus flores son de muchísimos colores! Con ellas se formó el arco iris!  ¡Las más lindas mariposas de todos los planetas están en el planeta de los sueño!.. ¡Qué hermoso es el planeta de los sueños!

Un día mientras dos niños desobedecían, ¡Salió el gran monstruo del agua! Y cuando se iba a tragar las mascotas, el gigante de la nariz puntiaguda llegó con cien loros en su nariz y le pisó la cola, el monstruo dio un chillido que tumbó todas las frutas de Mar de la Paz; y un río de jugo corría por las calles y todos los niños tomaban el jugo más delicioso de su vida.  Los loros que posaban en la nariz del gigante decían: ¡RI, ri, ri, bravo lo venciste, lo venciste!


LUIS CADRASCO.



   
 Ruta 53

La espiritista cruzó de prisa la avenida y al mirar atrás vio
que su cuerpo era arrastrado por un coche.


  

 Espantapájaros

Los pájaros se me metían por los ojos y me sacaban una
sonrisa tonta, yo les abría los brazos amigables. Mi amo no
tuvo más remedio que quemarme.


Juan Carlos Céspedes Acosta


  

 Mujer sin rostro

Con medroso paso de liebre te aproximas
Tanteas con yemas sensitivas la tosca pared
Roza apenas
Mi puerta tu aliento.

Finalmente te retiras
Bajas suavemente la honda calle
Mientras un remolino
Agita las trinitarias a tu paso.

Siempre
Mujer que no tienes rostro aquí
Te vas sin haber llegado
Lo que me indulta del adiós
Pero me niega también
La culpa azorada de haberte poseído.


Leo Castillo.  

 


  


 A MANO SICO, LE SALIO LA LLORONA


A Mano Sico,  su mamá lo llamaba cariñosamente “Mijosico”, a pesar de sus años, no deja de ser un niño, que juega volita de uñitas, trompo vaqueado, se tira en picada del barranco del balneario poza los caballos y contrabando.

Se sube al palo de níspero a coger sus frutos, antes de que el vecino  se los arrebate por la noche, barre el patio todas las mañanas, riega las matas y frutos de pan coger, le mama gallo a toda persona que pasa por la puerta de su casa, le da coscorrones  a los pelaos, juega con sus nietos que salieron igualitos a él y siempre vive en actividad.

Buen negociante de todo cachivache en  su caramanché, vende cilindros de gas, baldes,  porcelanas y poncheras, bacinillas  de plástico, codos, uniones de pvc, cinta aislante, correas plásticas de 10, 20, 30, 40 y 50 ctms, platos y pocillos de cerámica, lámparas  a petróleo y linternas de baterías,  libretas de apuntes y de colegio y un sinnúmero de artículos necesarios para el hogar, se consiguen en la mini-ferretería de Mano Sico.

Al caer la noche, Mano Sico y su esposa la niña Nena, se sientan al frente del televisor de la sala principal a verse su novela favorita.

En una ocasión, siendo aproximadamente la 01:00 am,  cuando los relámpagos y truenos, anunciaban que desde la sierra nevada, venia un fuerte aguacero, el río de aguas blancas, como si hubieran derramado 100 cantaros de leche allá en los picos Simón Bolívar y Cristóbal Colon, desbordado, arrastrando piedras y el pajonal.

Las láminas de zinc del techo de su casa, comenzaba a sonar como si  estuvieran arrojando piedras, la energía se fue y Mano Sico se levantó a prender la lámpara de caperuza alimentada con gasolina.

De todo el ruido ensordecedor del techo y los truenos en el firmamento, los perros aullando, en especial Fragata, que mantenía una guerra sin cuartel con un zorro chucho que pasó por su territorio a esa hora.
                                           

Mano Sico escuchó a lo lejos un lamento, pero no borincano, paró orejas y afilo el oído derecho que es por donde más se escucha y nuevamente y con más fuerza escuchó el lamento:

-Hay mis hijos, hay mis hijos y hay mis hijos.

Mano Sico, pensó:

Voy a asomarme por las  reendijitas de la ventana de madera,  por donde se colaba la luz de los relámpagos, no vio nada, pero se quedó allí parado en la ventana, cuando de nuevo escuchó el lamento ya casi en la puerta de su casa.

La curiosidad mató al gato, Mano Sico, le quitó el seguro a la ventana y cuando asomó las narices le gritaron al oído:

-Hay mis hijos, estoy buscando a mis hijos, donde están mis hijos.

Mano Sico, alcanzó a ver a una mujer morena china, alta, dientes blancos, cachetona, un poco delgada,  envuelta en una sábana blanca.

Mojado en su pantalón por los dos lados, pegó un grito ensordecedor, dio tres pasos atrás  y cayó privado.

La niña Nena, que andaba en su segundo sueño, el más profundo de los tres,allá por Badillo, a pocas penas escuchó el grito, pero sabía que era de la garganta de su esposo, quien era sonámbulo y se levantaba en las noches a recorrer la casa y después de un buen rato se acostaba.

Nena se levantó, se repicó con la pared de la casa, porque duerme pegada a la pared, dio media vuelta y salió para la ventana de su cuarto, cuando tropezó con el cuerpo de Mano Sico, inerte y flácido, envuelto en un sueño profundo, y con la ventana abierta.

Muchos pensamientos pasaron por la mente de la niña Nena:

- Estará muerto, sería un trueno, el corazón que le falló,  mientras Mano Sico, no se reponía de ese majestuoso y apoteosico susto, por andar chismoseando y buscando  la mala hora a media noche.

Al día siguiente, Mano Sico se levantó bien temprano, su sexto sentido le indicaban que esa voz que él escuchó a media noche, tenía sello familiar, que a pesar del susto, reconocia esa melodía que le recorría por todos los cables del cerebro.
   
       - Alguien debía llegar en el transcurso del día a la casa.

Dicho y hecho,  a eso de las nueve del día llegó su sobrino un muchacho maloso entrado en los 25 años, ronero, perequero y juguetón, igualito a su tío, acompañado de unos amigos del pueblo, que jamás habían visitado en su casa. 

Mano Sico,  miró a su sobrino, que coincidía  con la figura de la llorona, y pensó:

-Allí está, esa fue obra de este carajito pero me las va a pagar, silencioso guardó sus comentarios.

La niña Nena, comenzó a referir lo sucedido en la madrugada a Mano Sico, quien miraba de medio lado, apenado por el estado en que se encontraba cuando despertó de la privada esa noche.
               
        - y Formaron la risa y el pereque por la llorona de media noche.

Ese día se emborracharon los muchachos visitantes en casa de Mano Sico, con dos botellas de Marianamen, que él les mandó, más un poquito de dormilona.

Con su hecho pensado, les servía el trago grande acachacao, después del almuerzo preparado por la niña Nena, un sancocho trifásico y una jarra de guarapo costeño con naranja agria,  se quedaron profundamente dormidos.

Tiempo que aprovechó Mano Sico para desquitarse de esa broma pesada que cargaba entre pecho y espalda.

Los muchachos, estaban encuero, trasquilados, sin bigotes sentados en la terraza  de la casa en unas sillas plásticas marca rimax  a exhibición de todos los transeúntes.

Y Mano Sico, mirándolos por la rendija de la ventana, con la puerta cerrada, esperando el desenlace.

Fueron despertando uno por uno  a las cinco de la tarde, al notar su estado salieron corriendo calle arriba, tapándose con la mano derecha adelante y con la izquierda detrás.

Oportunidad que aprovechó Mano Sico para gritar:

- Hay mis hijos, estoy buscando a mis hijos, donde están mis hijos, hey devuélvanme a mis hijos, no se vallan muchachos, devuélvanme a mis hijos.

Y por último vociferó:
                                    Sinvergüenzas carajo.

Francisco Cadrazco Díaz