viernes, 17 de mayo de 2013


ALBORADA 

Otros mes de mayo más en la larga cuenta de los años, un mes que el comercio le ha dedicado a las madres, pero este es un homenaje más bien monetario, porque las madres no se merecen solo un día o un mes se merecen todo el tiempo del mundo. Madre, mujer, creadora de vida que en compañía de su pareja engendra vida, como los poetas y escritores que hoy nos acompañan en esta nueva entregan con sus hijos paridos de lo más profundo de sus sentimientos  para que ustedes lectores se adueñen de ellos y los hagan suyos, así como el transeúnte desconocido mira un cuadro y se ve reflejado en él, aquí estamos entregando el producto de un parto que sale a caminar el mundo y se mete en las mentes para adueñarse de sueños, quimeras, mentiras y demás…..  








 SOLEDAD

Soledad
La compañera de mis pesares
Mi acompañante indeleble
En esta y todas las horas.

Te pido
Que no me dejes
Porque sin tu presencia,
Sin tu compañía
No creo poder
Resistir el bullicio
De esta vida llena de…
Afanes y falacias
Que me llevaron a…
Vivir contigo.

Gabriel José Ortega Vega
































 De lo que soy

En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
Y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebrada: ya pasaron tus días
La poesía es la única compañera
acostúmbrate a sus cuchillos
que es la única.

Raúl Gómez Jattin



 EL GIGANTE EN MAR DE LA PAZ

Cuando el gigante de la nariz puntiaguda salió de la población de Santamaría.  Llegó a un lugar llamado Mar de la Paz, donde había un rey muy bueno que le servía con amor a todas las personas pero le temía mucho al monstruo del río de la Cruz.

Se preguntarán ustedes: ¿Quién era el monstruo del Río de la Cruz?  De pronto también se preguntarán: ¿Dónde está situado el Río de la Cruz?

El monstruo del Río de la Cruz era un cocodrilo enorme que salía del agua siempre que los niños desobedecían y se tragaba sus mascotas de un solo mordisco.  Siempre que este monstruo aparecía los niños gritaban: ¡Ayuda por favor Dios que tenemos mucho miedo! - ¡Oh no, tiene los dientes más feos y afilados que el lobo del cuento de Caperucita!  Y el rey bueno temblaba y se preguntaba: ¿Qué hago con este monstruo que está acabando con las mascotas?

El Río de la Cruz está situado en el Planeta de los Sueños que es un lugar que tiene: ¡Los árboles más hermosos de todito el mundo!  ¡Sus flores son de muchísimos colores! Con ellas se formó el arco iris!  ¡Las más lindas mariposas de todos los planetas están en el planeta de los sueño!.. ¡Qué hermoso es el planeta de los sueños!

Un día mientras dos niños desobedecían, ¡Salió el gran monstruo del agua! Y cuando se iba a tragar las mascotas, el gigante de la nariz puntiaguda llegó con cien loros en su nariz y le pisó la cola, el monstruo dio un chillido que tumbó todas las frutas de Mar de la Paz; y un río de jugo corría por las calles y todos los niños tomaban el jugo más delicioso de su vida.  Los loros que posaban en la nariz del gigante decían: ¡RI, ri, ri, bravo lo venciste, lo venciste!


LUIS CADRASCO.



   
 Ruta 53

La espiritista cruzó de prisa la avenida y al mirar atrás vio
que su cuerpo era arrastrado por un coche.


  

 Espantapájaros

Los pájaros se me metían por los ojos y me sacaban una
sonrisa tonta, yo les abría los brazos amigables. Mi amo no
tuvo más remedio que quemarme.


Juan Carlos Céspedes Acosta


  

 Mujer sin rostro

Con medroso paso de liebre te aproximas
Tanteas con yemas sensitivas la tosca pared
Roza apenas
Mi puerta tu aliento.

Finalmente te retiras
Bajas suavemente la honda calle
Mientras un remolino
Agita las trinitarias a tu paso.

Siempre
Mujer que no tienes rostro aquí
Te vas sin haber llegado
Lo que me indulta del adiós
Pero me niega también
La culpa azorada de haberte poseído.


Leo Castillo.  

 


  


 A MANO SICO, LE SALIO LA LLORONA


A Mano Sico,  su mamá lo llamaba cariñosamente “Mijosico”, a pesar de sus años, no deja de ser un niño, que juega volita de uñitas, trompo vaqueado, se tira en picada del barranco del balneario poza los caballos y contrabando.

Se sube al palo de níspero a coger sus frutos, antes de que el vecino  se los arrebate por la noche, barre el patio todas las mañanas, riega las matas y frutos de pan coger, le mama gallo a toda persona que pasa por la puerta de su casa, le da coscorrones  a los pelaos, juega con sus nietos que salieron igualitos a él y siempre vive en actividad.

Buen negociante de todo cachivache en  su caramanché, vende cilindros de gas, baldes,  porcelanas y poncheras, bacinillas  de plástico, codos, uniones de pvc, cinta aislante, correas plásticas de 10, 20, 30, 40 y 50 ctms, platos y pocillos de cerámica, lámparas  a petróleo y linternas de baterías,  libretas de apuntes y de colegio y un sinnúmero de artículos necesarios para el hogar, se consiguen en la mini-ferretería de Mano Sico.

Al caer la noche, Mano Sico y su esposa la niña Nena, se sientan al frente del televisor de la sala principal a verse su novela favorita.

En una ocasión, siendo aproximadamente la 01:00 am,  cuando los relámpagos y truenos, anunciaban que desde la sierra nevada, venia un fuerte aguacero, el río de aguas blancas, como si hubieran derramado 100 cantaros de leche allá en los picos Simón Bolívar y Cristóbal Colon, desbordado, arrastrando piedras y el pajonal.

Las láminas de zinc del techo de su casa, comenzaba a sonar como si  estuvieran arrojando piedras, la energía se fue y Mano Sico se levantó a prender la lámpara de caperuza alimentada con gasolina.

De todo el ruido ensordecedor del techo y los truenos en el firmamento, los perros aullando, en especial Fragata, que mantenía una guerra sin cuartel con un zorro chucho que pasó por su territorio a esa hora.
                                           

Mano Sico escuchó a lo lejos un lamento, pero no borincano, paró orejas y afilo el oído derecho que es por donde más se escucha y nuevamente y con más fuerza escuchó el lamento:

-Hay mis hijos, hay mis hijos y hay mis hijos.

Mano Sico, pensó:

Voy a asomarme por las  reendijitas de la ventana de madera,  por donde se colaba la luz de los relámpagos, no vio nada, pero se quedó allí parado en la ventana, cuando de nuevo escuchó el lamento ya casi en la puerta de su casa.

La curiosidad mató al gato, Mano Sico, le quitó el seguro a la ventana y cuando asomó las narices le gritaron al oído:

-Hay mis hijos, estoy buscando a mis hijos, donde están mis hijos.

Mano Sico, alcanzó a ver a una mujer morena china, alta, dientes blancos, cachetona, un poco delgada,  envuelta en una sábana blanca.

Mojado en su pantalón por los dos lados, pegó un grito ensordecedor, dio tres pasos atrás  y cayó privado.

La niña Nena, que andaba en su segundo sueño, el más profundo de los tres,allá por Badillo, a pocas penas escuchó el grito, pero sabía que era de la garganta de su esposo, quien era sonámbulo y se levantaba en las noches a recorrer la casa y después de un buen rato se acostaba.

Nena se levantó, se repicó con la pared de la casa, porque duerme pegada a la pared, dio media vuelta y salió para la ventana de su cuarto, cuando tropezó con el cuerpo de Mano Sico, inerte y flácido, envuelto en un sueño profundo, y con la ventana abierta.

Muchos pensamientos pasaron por la mente de la niña Nena:

- Estará muerto, sería un trueno, el corazón que le falló,  mientras Mano Sico, no se reponía de ese majestuoso y apoteosico susto, por andar chismoseando y buscando  la mala hora a media noche.

Al día siguiente, Mano Sico se levantó bien temprano, su sexto sentido le indicaban que esa voz que él escuchó a media noche, tenía sello familiar, que a pesar del susto, reconocia esa melodía que le recorría por todos los cables del cerebro.
   
       - Alguien debía llegar en el transcurso del día a la casa.

Dicho y hecho,  a eso de las nueve del día llegó su sobrino un muchacho maloso entrado en los 25 años, ronero, perequero y juguetón, igualito a su tío, acompañado de unos amigos del pueblo, que jamás habían visitado en su casa. 

Mano Sico,  miró a su sobrino, que coincidía  con la figura de la llorona, y pensó:

-Allí está, esa fue obra de este carajito pero me las va a pagar, silencioso guardó sus comentarios.

La niña Nena, comenzó a referir lo sucedido en la madrugada a Mano Sico, quien miraba de medio lado, apenado por el estado en que se encontraba cuando despertó de la privada esa noche.
               
        - y Formaron la risa y el pereque por la llorona de media noche.

Ese día se emborracharon los muchachos visitantes en casa de Mano Sico, con dos botellas de Marianamen, que él les mandó, más un poquito de dormilona.

Con su hecho pensado, les servía el trago grande acachacao, después del almuerzo preparado por la niña Nena, un sancocho trifásico y una jarra de guarapo costeño con naranja agria,  se quedaron profundamente dormidos.

Tiempo que aprovechó Mano Sico para desquitarse de esa broma pesada que cargaba entre pecho y espalda.

Los muchachos, estaban encuero, trasquilados, sin bigotes sentados en la terraza  de la casa en unas sillas plásticas marca rimax  a exhibición de todos los transeúntes.

Y Mano Sico, mirándolos por la rendija de la ventana, con la puerta cerrada, esperando el desenlace.

Fueron despertando uno por uno  a las cinco de la tarde, al notar su estado salieron corriendo calle arriba, tapándose con la mano derecha adelante y con la izquierda detrás.

Oportunidad que aprovechó Mano Sico para gritar:

- Hay mis hijos, estoy buscando a mis hijos, donde están mis hijos, hey devuélvanme a mis hijos, no se vallan muchachos, devuélvanme a mis hijos.

Y por último vociferó:
                                    Sinvergüenzas carajo.

Francisco Cadrazco Díaz





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