domingo, 16 de junio de 2013


ALBORADA EN EL MES DE JUNIO

En esta ocasión estamos más puntuales que de costumbres, pero es que vamos a tomar el hábito  de aparecer cada mes, para deleitar a nuestros lectores, pero antes aclaramos algo que no deseábamos tocar, pero en cuestiones legales se hace muy importante. En el numero anterior se presentó un malentendido con el señor javier marrugo que ya no hace parte de nuestro grupo, en el cual el referido se adjudicaba la propiedad material e intelectual de la Revista Cultural Alborada Digital, cosa que es muy falsa ya que esta tribuna de difusión de los noveles y veteranos poetas y escritores es de propiedad y creación de Gabriel José Ortega Vega, quien la ha mantenido a pesar de las ocupaciones y fallas en la red de internet que hemos tenido en los últimos meses, esto lo hacemos para dejar claro quiénes somos y quienes estamos en la  Revista Cultural Alborada Digital.
Ya realizada la aclaración pasamos a mostrar el material que nos enviaron los colaboradores de la Revista Cultural Alborada Digital, en esta nueva puesta en escena. 














 EL
               

Él se cree poeta
Y escribe toneladas de versos,
Se cree escritor
Y escribe kilómetros de prosa,
Se cree orador
Y de su boca salen decibeles y sonidos
Nada más

Una mañana
Que despertó
Se miró al espejo
Y el frio cristal
Le mostró la dura realidad

Solo era un incipiente hombrecillo
Que su imaginación exaltada
Engaño.

Gabriel José Ortega Vega


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 Cuando yo estaba chiquito
Me daban panela y queso
Ahora que estoy grande grandecito:
Me dan con el rejo teso.

La mujer que se enamora,
Del vestido y no del hombre;
Es porque se enamora
De la fruta que el burro esconde

Bien me dijo mi mamá,
Ñamarse  Nicolasa,
Llévate un bollo Diego,
Que no vas para tu casa.

Guillermo Valencia Salgado.


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 Susana

Sentada en mis piernas
Susana está desnuda y se levanta
Se levanta y danza
Al borde del milagro desafiante
Y coqueta ante el abismo.

Susana acciona el aparato de vídeo
Para que veamos pornografía
Y me deja entrar en ella.

Y me deja así mismo salir de ella.

Susana me da su cuerpo
Pero su alma la reserva
Para uno que se aleja insensiblemente en ella misma
En ella misma, ignorando
Sin acordes ya incluso.

Susana lleva dentro el eco
Del paso de su habitante
Y cada tanto lo saluda
Con el pañuelo borroso de su sonrisa
Y le extiende su ternura rezagada.

Susana destinada a su andén
Combada contra la esquina
Como un arco iris en la bocacalle
Como trampa del cielo
En el centro de la noche.

Susana, la putica bonita de la calle Caldas
Festiva mariposa que juega y arde
En el pabilo encendido de cada noche.


Leo Castillo.

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 Dios terrible

El encierro es brutal
sin embargo aquí
me acoge la comodidad
de un pan y un lecho
No tengo nada
de qué quejarme
y aunque hubiera
tampoco lo haría
Si no me quejo de tener
un Dios terrible en las entrañas
¿por qué me dolería
de mi encierro?.

Raúl Gómez Jattin.

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 NOTA DE VIAJE

Veníamos del sur
Como quien huye de la peste
La muerte nos seguía
A prudente distancia
Como perro de guardia
Al llegar a la frontera
Los hombres
Apuñalaron sus recuerdos.

2
Cuando tengas un amante
No olvides contarle en detalles
Tus amores pasados
Él sabrá  cómo enfrentarse a  sus fantasmas.

Harold Ballesteros.


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 Gaviota jirusa

Exhausto y casi yerto por los azote
De las olas marinas amorfas del trópico,
Me cautivan sendas gaviotas que giran
En simetría rumbo al pináculo majestuoso
De la serranía del Perijá.

Extasiado y bajo la égida de la sombra
Que embellecen las playas
Sirvo de señuelo para atrapar la incauta y
Rozagante gaviota.

Exótica belleza estelar
Que me inspira nobles sentimientos,
Como las notas y eufonía expresada
Con frenesí por el juglar campechano,
En el ágora adornada con antología
De flor y fauna abisales.

Ave erudita que cruza el océano
En el crepúsculo del Caribe,
Enarbolando el aureola de diez lunas estelares
Que matizan la dulzura de tu cálida espada.

El perfume imaginario de tu bello canto vesperal
En universo reclama a tus pies,
Eres en definitiva Ave Jirusa:
Jovial, idílica, rebelde, única, sensible y amorosa…


Rodrigo Montoya Ramírez


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 FALSOS POSITIVOS

En Colombia
Si alguien te manda a matar con alguno
¡Te matan!
Y nadie vio a ninguno
Y ninguno vio a nadie
Y aunque sabemos que nadie y alguien
Son alguno
Al final termina siendo ninguno
Y el que no aparezca alguno la culpa es uno.

Eukandy.

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 Paraíso*
Vio que lo hecho era bueno y descansó. Al día siguiente
despertó turbado por un horrible sueño: Imaginó que había
creado al hombre.



El insomnio del difunto
¿Cómo convencerlo de que está muerto, con su ojo de vidrio
que no cierra?

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* Cuento ganador del II Concurso de Minicuento “David Sánchez Juliao”,
Universidad. de Córdoba


Juan Carlos Céspedes Acosta.

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EN UNA PARRANDA, LICHO CAMARGO Y JUSTINIANO PADILLA, PERDIERON SUS DIENTES


Todavía quedan personas que hacen el bien, sin importar a quien, la ciencia ha avanzado tanto que en las Universidades brotan cientos y cientos de profesionales, sin embargo Antonio Carroll Vázquez, un Barranquillero que aprendió de su tío a hacer chapas, colocar coronas de oro, de plata y sacar, Los Incisivos (4 superiores y 4 inferiores), Caninos (2 superiores y 2 inferiores), Premolares (4 superiores y 4 inferiores), Molares (6 superiores y 6 inferiores)
Muelas del juicio (2 superiores y 2 inferiores), sin sangrado y  sin dolor.

Se rebusca por los pueblos de la costa, ofreciendo su trabajo y como es honesto y cumple con sus obligaciones, le va bien.

El doctor Toño, como le llaman por donde quiera que pasa, cambiándole la sonrisa a miles de parroquianos, con su particularidad de que no duele, ni botan sangre.

Licho Camargo y Justiniano Padilla, estaban enparrandaos, acompañando al blanco Abigail  y a su primo Thomas, quienes ya llevaban una docena de Marianamen de las grandes, día y medio de haber comenzado la parranda, dos sancochos de carnero viche y tres guisadas de pavo pasados por vinagre y limón, acompañados con yuca harinosa.

Todos los parranderos estaban en tres quince, pero Licho y Justiniano estaban pasados de esas cifras, quizás en treinta y cuarenta, ya no se pertenecían.

A lo lejos de la calle larga, con un sol en 42 grados y un humito que brotaba de la carretera,  Abigail vio venir a un cimarrón de hombre de color moreno, 1,80 ctms de estatura,  con un maletín de dentista de color negro.

A los pocos minutos estaba el Doctor Toño integrado a la parranda, tragos vienen tragos van, Justiniano estaba dormido en un taburete con la boca abierta y babiao, en su interior se le asomaban dos postes o madrinas de esas de amarrar el ganado en un corral, amarillas de la nicotina del tabaco negro y romas de tanto jalar chivo seco, yuca asada, ron ñeque, cañita y el gorriao de marianamen.

Cerquita de Justiniano estaba Licho en el mismo estado, la mente ágil de Abigail, le dictó que esta era la hora y la oportunidad de salir esos dos amigos,  de esos caninos y molares en mal estado y que los hacía ver más viejos.

Le dijo a el doctor, examíneles la boca a esos dos, a ver si se le arregla el día, en el estado en que estaban era fácil  diagnosticar: Dos caninos, tres molares arriba y dos abajo (Justiniano). Dos caninos y dos molares arriba y tres abajo (Licho).

A treinta mil pesos por cada uno, serian en total $420.000.oo pesos, se dio la orden de proceder al doctor Toño, que ni corto ni perezoso y con unos traguitos entre pecho y espalda, fue abriendo su maletín de cuero negro con tres compartimientos internos, lleno de Guantes, pinzas de todos los tamaños y formas, pomadas, agujas, seda dental, pita curricán, espejos grandes y pequeños y una botella  de lava gallo, para lavarse las manos y calmar la sed.

El primero fue mano Licho, a quien no hubo la necesidad de abrirle la boca, porque la tenía abierta a 180 grados, le metieron un dedo del grande de un guineo maduro untado de una pomada rosada, que se la sobaron en la encía de arriba y la de abajo.

La misma dosis le hicieron a Justiniano y los dejaron que siguieran dormidos, quizás buenos y sanos no se hubieran sometido a tan desproporcionada barbarie.

Al cabo de una media hora, el médico pidió una cerveza y en forma de chorro se la introdujo a los dos que seguían con la boca abierta. Un espumarajo brotó de la boca de los parroquianos, signo que indicaba,  que era la hora de la pinza.

Sacó Toño,  dos bolsitas plásticas transparentes y llamo a un joven de los que estaban jugando bola en la calle, le pidió que abriera la bolsa  y con una destreza impresionante fue sacando a cada uno las catorce piezas de la boca de los dos pacientes, quienes seguían placidos en su sueño.

Median dos centímetros hacia afuera y hacia dentro de la encía median diez centímetros, parecían colmillos de Jabalí.

Nuevamente pidió una cerveza y se las dio en forma de chorro, ahora si se la tragaron y siguieron durmiendo.

Todos quedaron atónitos y le preguntaban al dentista que hizo para que no les doliera y no botaran sangre, mas borrachos que estaban, con la sangre caliente, solo alcanzó a decir,  eso fue con secreto.

Cobró su plata que hasta por cierto le cobraron el ron que se bebió y $400.000 en efectivo, que pagó el blanco Abigail.

Licho Camargo, se despertó al rato y pidió un trago de ron, llamaron a los muchachos quienes andaban haciendo broma con las dos bolsitas de dientes y se la mostraron, que jocosamente y sin saber que esos eran sus dientes dijo:

-Cuando mataron ese jabalí y le sacaron los dientes.

Uno de los muchachos era su nieto, le dijo, no papa no son de Jabalí,  son los tuyos que el dentista te los sacó.

Miró Licho para todos los lados buscando al dentista, quien ya llevaba medio tabaco de camino. Agachó la cabeza y se fue para su casa calladito.

A la mañana siguiente de la parranda, se levantó Licho y pidió el desayuno, su mujer le trajo pegado de arroz del día anterior, dos chicharrones de puerco viejo y un vaso con café con leche bien caliente.

Cuando Licho le metió el diente al chicharrón fue que sintió que los había perdido, solo era encía lo que había en su boca y de inmediato reclamó:

-Bueno mujer y esta clase de comida que es, tú no sabes que ayer me sacaron los dientes.

 Su mujer llena de rabia por la borrachera que trajo anoche  y sin dientes le dijo:

-No, yo no sé nada, no lo sabes tú, revísate a ver que más te sacaron y te metieron, allá en la parranda.

Justiniano se despertó en su casa y pregunto la hora, pero notó que los dos postes o madrinas que tenía en la boca ya no estaban, a su mujer le trajeron la bolsita con los siete especímenes come yuca, chicharrón y destapa cervezas de su marido, ella picada de culebra estaba esperando que Justi dijera algo al respecto.

Como Justi, no dijo nada ella cogió su bolsita y de dirigió con el manduco de lavar la ropa y se paró al frente de la hamaca donde estaba su marido y le mostró, al cual el dijo:

Herda mija, a quien le sacarían esos dientes tan grandes.

Y se le notaba en su hablado el Fla Fla Fla, de la carencia de ellos.

Mayo ese día levantó a manduco a Justi, que lo tuvieron que llevar al hospital.
Ahora por donde quiera que van Licho y Justiniano en el pueblo y sus alrededores les gritan:

-Te Coge  Toño,  el saca muela.

Nadie quiere beber con Abigail y su primo Thomas, temiendo quedarse dormidos y perder sus dientes a mano del Doctor Toño, el Barranquillero.

Esta es una forma elegante,  de alejar de las parrandas,  a tantos gorreros.

Francisco Cadrasco Díaz. 


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 HOJAS DE OTOÑO

Las hojas del otoño
tienen
            / para mí /
un encanto especial.

¿Será el color?
¿será la forma?
¿será el sentido de la estación?

Del verde al dorado,
generosa paleta de tonos
transformados
en oro, cobre, bordó, marrón.

¿Qué cuerda profunda
de mi Ser rasguean,
que la emoción sintonizada
es tierna, alegre,
                          agradecida,
y resuena
en la vida que transcurre
sin prisa, sin pausa,
                          hacia el atardecer?

De algún modo
esperan
             que les toque la caída.
Algunas, más ansiosas,
pre-anuncian
el suelo dorado
              que alfombrará mi pie.

Otoño es espera /
es paciente disfrutar /
es edad de oro /
es soñar / y, sin duda,
                                  es mucho más.

ELBA MEIER




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